Ese spam propagandístico de la crítica costarricense


Escribo este blog contestatario porque ya me harté de oír tantas críticas hacia nuestra Presidenta y su Gobierno y a nuestra situación actual como país y como sociedad. Este definitivamente no es mi estilo. No es que no me queje; lo hago y a menudo, pero lo hago sobre aquellas cosas que verdaderamente me provocan malestar y no sólo por seguir la corriente de lo que algunos quieren que piense.
Así como muchas personas se quejan de los mensajes comerciales a los celulares, de las llamadas de las emisoras de tarjetas de crédito y de las portadas y titulares de un conocido diario nacional, yo hoy me quejo de ese spam tan molesto y mediocre que es la frase banal de “este gobierno no tiene rumbo, no hay liderazgo y las instituciones del Estado no sirven para nada”. Honestamente estoy harta de la cultura del “pobrecito”, de la victimización, de que la culpa la tengan otros, de que critiquemos y critiquemos y critiquemos, y no veamos nuestros propios errores.
Yo, particularmente, estoy cansada de que en este país la gente tire la piedra y esconda la mano; de que queramos seguir viviendo en un Estado paternalista que resuelva todo y nos sirva las soluciones en bandeja de plata (y si se puede en una de oro, mejor); de una sociedad que critica y no propone... De una mentalidad propagandística, fatalista y acomodaticia. ¿Hasta cuándo podremos sobrevivir con esta mediocridad?
Queremos justicia social en tanto no nos toquen nuestro bolsillo (¿Impuestos? ¿Para qué?), abogamos por penas más duras y castigos más altos a los borrachos al volante que acaban con vidas de personas tranquilas, pero alabamos la cultura del güaro y nos olvidamos del chofer designado. Porque claro está, el borracho siempre es el otro… nunca yo. Queremos austeridad y control en las entidades estatales, pero en casa hasta el chiquito de 12, 10 u 8 años debe tener un teléfono celular (ojalá smartphone, pues es preferible que no maneje el 75% de sus capacidades a que el “pobrecito” sea el único sin teléfono en su clase de la escuela). Queremos que los homicidas tengan su merecido, pero nos ahorcamos solitos promoviendo derechos humanos para todos cuando algunos verdaderamente no los merecen (¿o es que el psicópata violador y asesino de niñas merece vivir en una celda por el resto de sus días en vez de ser torturado hasta que suplique por su propia existencia? ¿No les parece demasiado lujo?).
Queremos mejores empleos y mejores oportunidades, pero en desde el primer grado de la escuela hasta el undécimo de colegio los estudiantes prefieren estar recitando y aprendiendo el verbo “To Be” por once años antes que aprendérselo, porque qué pereza. Y aprender reglas de ortografía y algunas fórmulas de matemática es visto como algo aburrido o difícil, pero cuando se presenta la oportunidad de trabajar en una empresa lo mejor es quedar en ridículo ante las oficinas internacionales, “porque no me acuerdo de lo que me enseñaron en el cole”.
Queremos personas capacitadas en la Asamblea Legislativa, pero nos interesamos por los candidatos hasta que estamos en las urnas electorales y debemos marcar esa papeleta con una equis. Despotricamos contra el Poder Ejecutivo lo que debiera hacer el Legislativo (ni sabemos qué responsabilidades le corresponden a quién). Queremos liderazgo pero no tenemos ideales. Porque señores, ni mi generación ni la anterior conoce lo que es una persona con rasgos de auténtico líder, ni político, ni deportivo, ni artístico. Líder es quien con sus acciones logra seguidores que repliquen sus intenciones, no quien debe poner orden autoritariamente.
Y yo pregunto, ¿es achacable el 100% de la culpa a este gobierno de año y dos meses por todas las angustias y penas que vivimos hoy? Aquí se hace huelga porque se quiebra un lápiz, se pierden suministros, recursos, tiempo y oportunidades en muchos campos (comencemos por nuestras casas y oficinas). La mentalidad de "eso no me toca a mí" y "mejor no me meto en eso" es lo que nos tiene en la crisis social en que estamos. El miedo a hacer lo correcto, o al menos a hacer algo, es el verdadero culpable. Otros -desde hace años- dejaron pasar errores y horrores en las instituciones y ministerios del Estado y ahora que revientan es muy fácil culpar a quien esté a cargo.
Es muy fácil venir a quejarse hoy, después de que varias generaciones hemos disfrutado las mieles del Estado proteccionista y paternalista que nos heredaron los próceres de la Patria. Hoy, es más fácil echarle la culpa a otro que sacar un tiempito para ver cómo podemos aportar una idea que pueda contribuir a alejarnos del precipicio. Hoy, a pesar de tantas oportunidades y recursos disponibles, preferimos seguir viviendo en la Costa Rica sedentaria y pasivo agresiva –nunca pacífica- donde somos mejores que el resto de Centro América y mejores que nuestros propios gobernantes.
Todo lo que quiero decir es que el rumbo del país no está sólo en manos del gobierno, eso sería seguir viviendo con mentalidad paternalista en la era de la globalización. Aquí y ahora, la pregunta es ¿qué hace cada uno para cambiar el rumbo en el que estamos? O mejor, ¿qué hago yo para que el futuro sea mejor que el presente?  Esa es una simple pregunta que aporta y edifica más que la hiriente piedra que lanzamos. Ya basta de comentarios propagandísticos y epidémicos; la vacuna está en cada una de nuestras manos.
Perdónenme si escribí con el hígado, pero ya no puedo ocultar más mi malestar.




 

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