miércoles, 22 de diciembre de 2010

Habla como un Triunfador (I parte)

Trucos para manejar tus conversaciones (Parte I de III)

Aunque me encanta hablar y escribir, y todo lo que tenga que ver con comunicación es fascinante, he descubierto que muchas personas aún en la adultez tenemos miles de problemas a la hora de conversar. Y eso me frustra, porque el simple hecho de hablar se nos complica no sólo por el tema de turno, sino porque cada individuo entiende y asimila los mensajes de acuerdo a su propio contexto y hasta a su propia conveniencia.
Steve Nakamoto, un experto estadounidense en neurolingüística, escribió un libro titulado “Habla como un triunfador” (Taller del éxito, 2009), en el que nos brinda 21 reglas para hablar exitosamente en nuestro diario quehacer. Si bien no son consejos nuevos ni fuera de lo común, me ha llamado la atención que estén reunidos a manera de compendio coloquial y no dirigidos a formar expertos en el arte de hablar frente a una audiencia.
No entraré en detalles profundos, ya que lo que pretendo es simplificar aún más el listado. Sí que aquí van las reglas y sus consejos, que espero sean provechosos para evitar malentendidos, incomodidades y hasta inconformidades.
1.  PENSÁ. Desarrollá una mentalidad bien orientada: Tu pensamiento es el conductor de tu vida.

Todas las relaciones representan oportunidades; aprovechalas, la gente puede abrirte puertas desconocidas. Algunas relaciones volverán del pasado y podrán molestarte, otras estarán a punto de destruirse, pero todo depende de cómo vos actués y reaccionés ante ellas.

2.  APRENDÉ. Expandé tu nivel de comunicación.
Relacionate con muchas clases de personas para que aprendás diferentes puntos de vista. Esto te dará más apertura y conocimiento. Mientras conversás, escuchá más y hablá menos, así podes aprender estilos de conversación también. Si eres tímido, entonces tratá de hablar más para que ganés confianza, incluso podés practicar contando chistes. Recordá ajustar tu ritmo y volumen de acuerdo al propósito que querés lograr y a las necesidades de quienes te escuchan.

3.  EVALUA. Analizá la clase de situación que estás afrontando.

  • ¿Con quién te estás enfrentando?
  • ¿Cuántas personas van a participar?
  • ¿Cuánto tiempo tenés para hablar?
  • ¿Cuándo y donde estarás interactuando?
  • ¿Qué tipo de actividad se está desarrollando? (formal o informal)
4.  SONREÍ. Iniciá tus conversaciones de manera amistosa.
Una sonrisa y un saludo cálido no cuestan nada y te pueden traer muchos beneficios.

  • Sé vos el primero en saludar (tratar de desarrollar un saludo de categoría y no de muletilla. Preferí un “¡Qué bueno verte!” a un simple “¿Qué tal?” –dependiendo de la ocasión, claro está).
  • Da una sonrisa genuina -nunca una falsa-. Y recordá sonreir con tus ojos también.
  • Hablá en tono amistoso, y alegrate por el encuentro. Demostrá entusiasmo.
  • Llamá a las personas por su nombre. Ese es el sonido más lindo para ellas.
5.  SELECCIONÁ. Escogé temas de discusión apropiados.

  • Evitá temas conflictivos, pueden llevar a enfrentamientos fuertes y disgustos. Tené cuidado con los temas sensibles.
  • No comencés imponiendo tus opiniones. Y si debes hacerlo, advierte con anterioridad de que lo que vas a decir es sólo tu opinión.
  • Enfocate en los temas de interés para los demás.
  • Manejá el tema que propusiste para conversar. Normalmente uno habla de cosas que sabe y domina. Esto te ayudará a controlar el lado positivo de la situación.
  • Permanecé actualizado de lo que sucede en el mundo. Nunca sabrás cuándo tenés que referirte a alguno de los asuntos de actualidad.
  • No dediqués mucho tiempo en asuntos sin importancia para que no parezca que sos una persona superficial, vacía o frívola.
6.  CAUTIVÁ. Ganate la atención de tus oyentes.
No por el hecho de que vos querás hablar, los demás estarán muriéndose de las ganas de escucharte. Además, la gente tiene espacios muy cortos de atención; enriquecélos y aprovechalos:

  • Comenzá con un saludo breve e intervenciones cortas. Esto te allana el camino para entrar al tema de fondo.
  • Podés hacer un enunciado fuerte para captar la atención del oyente: “¡Están carísimas las medicinas! En la farmacia de la esquina…”.
  • Hacé preguntas que impacten: “¿Alguna vez has hecho canopy?”
  • Compartí un secreto; la gente se siente importante y presta atención cuando tiene información privilegiada.
  • Usá noticias atractivas (del tipo casos insólitos, escándalos, deportes, etc.). La gente pocas veces se interesa por noticias trágicas. La curiosidad es un asunto inherente al ser humano.
  • Hacé que la gente se ría, los mantendrás activos y metidos en la conversación.
  • Demostrá tu interés en un tema, la gente que habla con convicción atrae la atención de los demás
7.  EXPRESALO. Aprendé a decirlo de manera acertada
Comunicar no se trata de impresionar, sino de expresar (si expresas bien, impactas):

  • Enfocate más en ser expresivo, pero nunca exageres y mucho menos mientas.
  • Decí lo importante sin tanta demora, no andés con rodeos o por las ramas.
  • Pulí tu lenguaje, sé directo, pero nunca ofensivo. En lugar de decir “¡Sobre mi cadáver!” decí “Mi respuesta es No”.
  • Desarrollá una buena clase de humor.
  • Aprendé una palabra nueva cada día. Enriquecerás tu vocabulario.




Desarrollo Humano Sostenible: Comencemos por Nosotros Mismos

Es interesante ver cómo se polarizan los términos a favor de un discurso “temporal o de moda”. Desde que empezamos a escuchar el término “Sosteniblidad” allá en la administración de José María Figueres y sus iniciativas de desarrollo sostenible con imágenes del ICE y del recurso hidroeléctrico, nos hemos quedado con la imagen y relación de que ese concepto casi se limita al plano ambiental (tal como sucede ahora con las propuestas de RSE que se limitan a intentos de convertirse en empresa verde, alias sembrar árboles y reciclaje). Como bien expone el profesor Rodolfo Aníbal Fallas Castro en su artículo “El Desarrollo Humano Sostenible, del dicho al hecho”[i], la condición de Desarrollo Humano Sostenible (DHS) involucra tres variables específicas que se circunscriben a la interacción del ser humano entre sí, con el medio y con el mercado. Así que no se puede enmarcar solamente en el ámbito medio ambiental, pues se estaría sesgando el desarrollo de la sociedad hacia los recursos que la naturaleza le provee (responsabilidad en la administración de fuentes), y no hacia el uso o generación de productos que se haga de ellos (desarrollo), desviando de alguna manera la atención del progreso y balance del componente social.
Continuando con el ejemplo que menciona el profesor Fallas, nuestro país se ha caracterizado por explotar la riqueza de sus recursos naturales desde la perspectiva del turismo, y durante los últimos veinte años aproximadamente basó su economía en este foco. Nuevos centros de hospedaje se construyeron a lo largo del Pacífico, llegaron cadenas hoteleras internacionales, se realizaron estudios de impacto ambiental para garantizar una dudable armonía con la naturaleza, se financiaron proyectos que ahora están en quiebra debido a la disminución en la afluencia de turistas extranjeros y a los cambios en su comportamiento de consumo, y se valoró la generación de empleos en las zonas costeras, que lamentablemente se proyectaron únicamente alrededor de la industria turística. Hoy día, y ante el panorama mundial de evolución tecnológica y ajustes en la economía, lo que fue base de nuestro ingreso es ahora motivo de preocupación y desempleo, pues los inversionistas lograrán de alguna manera solventar sus deudas, ya sea por ventas, declaraciones en quiebra u otros recursos, pero quienes verdaderamente se ven afectados en este sector, son los miles de trabajadores formales e informales que hoy no cuentan con la posibilidad de generar ingreso para sus familias (desde los empleados de hoteles, tour operadores, y choferes, hasta los vendedores de artesanía y saloneros de sodas y restaurantes típicos). ¿Qué clase de desarrollo humano sostenible se planteó entonces?
Pero no nos quedemos con un ejemplo que depende en su mayoría de una condición foránea. El caótico caso de la autopista a Caldera es una muestra de lo trivial que puede ser el enfoque de desarrollo: en primera instancia, las familias que por años vivieron de la venta de frutas y artesanías a lo largo de Orotina y Atenas –por mencionar un par de cantones- vieron cómo con la apertura de esta nueva vía sus ingresos cayeron inmediatamente, y ante la exposición de este tema en los medios nacionales, muchos se dejaron decir que para el progreso del país era necesario que algunos pocos se afectaran, pues esta pista traería más agilidad y comunicación para el comercio internacional que llega al puerto. ¿Y para qué tal alegato si la mencionada pista que no pudo operar en las condiciones esperadas ni por un periodo de prueba, y aún ahora pasa constantemente cerrada? ¿A dónde está ese anunciado y esperado progreso?


Sí, el problema es de competitividad y conocimiento, pero no sólo para satisfacer los requerimientos de las transnacionales, sino para cumplir con nuestro propio desarrollo. Si nosotros mismos no sabemos tejer y delimitar las oportunidades de crecimiento, ¿cómo podemos esperar aprovechar las que nos ofrece la globalización?
En mi opinión, el dilema del desarrollo humano sostenible no debería referirse tanto a la equidad, pues por principio de economía debe existir una desigualdad o desbalance para que los mercados funcionen (si todos estuviéramos en condiciones de justo balance, la interacción no surgiría y daríamos paso a la monotonía e improductividad). Abordar este tema requiere más intervención social que económica, para visualizar las aristas de implicación en la integridad humana.
Hablamos de que este es un tema que no se limita a lo ambiental, pero siempre se nos van las horas en ello, y caemos en designar responsables a las empresas y al gobierno, pero lo cierto es que el establecimiento y la base del DHS comienza por nosotros, si es que verdaderamente consideramos y creemos en la prosperidad, no si nos limitamos a esperarla.
He oído casos de vecinos que pagan por sembrar árboles en las aceras de la comunidad con tal de ganar votos o favores, y aunque es cierto que no es bien visto que alguien pague por disfrazar un negocio, el progreso no se limita a sólo si se plantan los árboles o no. Porque ¿para qué sembrar árboles en una zona residencial que sólo van a cumplir una función estética si al cabo de unos pocos años habrá que derribarlos porque sus raíces destruyen la acera y la calle? Sembrar por sembrar no es una acción responsable. Para sembrar hay que saber a dónde se va  a sembrar, cuáles son las condiciones del terreno, y qué tipo de especie es la más conveniente de acuerdo a las condiciones. Y esto aparte de ejemplificar la realidad, también nos sirve de alegoría para todas las acciones que hagamos profesionalmente y personalmente. ¿Alguien ha pensado que la campaña de Ambientados de Kimberly Clark no es más que un pseudo-programa a favor del ambiente que no tiene nada de sostenible, pues es la manera más fácil de conseguir materia prima para la elaboración de sus productos? Sí, es cierto, se recicla, pero cuántas más personas se benefician de ello? Saben ustedes que si uno los contacta para reciclar papel y generar fondos no le indican que deben ir en pacas de cierto peso –amarradas-, y que las calidades también son penalizadas? Si no se siguen las instrucciones no dadas, pues se obtiene menos dinero. Yo reciclo el papel, y trato de dárselo a instituciones o empresas que puedan beneficiarse con la venta de ese papel a Kimberly Clark. Sí, es cierto, al final el destino es el mismo, pero al menos alguien funge como intermediario y la gran transnacional deberá pagarle algo por su esfuerzo y su material.
Este ejemplo lo pongo para que veamos que antes de actuar debemos saber qué hacemos y porqué hacemos las cosas. El Desarrollo Humano Sostenible es un asunto de proporciones enormes, pero podemos tropicalizarlo y hacerlo nuestro si buscamos actuar con lógica y hasta consideración, si se quiere, aunque sepamos que el justo balance no se alcanzará. La cuestión es entender que en nuestra dinámica político-económica-empresarial hay muchos actores, y tradicionalmente pocos ganadores, entonces por qué no propiciar nosotros más ganadores en diferentes niveles para que los beneficiados tradicionales no se salgan con la suya?
Y ya para terminar, les recomiendo ver esta película en YouTube cuando tengan tiempo (se llama Home, realizada por The Home Project y está narrada por Salma Hayek http://www.youtube.com/watch?v=SWRHxh6XepM, que aparte de ser gratuita y tocar nuestro tema de desembocadura ambiental, trata los afluentes del caos que nos rodea, y nos da una leve estocada de que sí, nosotros tenemos arte y parte en esto (hay una versión inglés para los que gusten también). Algunos piensan que la tecnología es la panacea que nos salvará de todo. Yo creo que todo depende de quién la use y cómo lo haga, pero por si acaso no está de más hacer ajustes.



[i] Fallas Castro , R.A. (2009) “El Desarrollo Humano Sostenible, del dicho al hecho”. Revista Intercambio, Universidad Interamericana de Costa Rica N°29, abril.  
El MSc. Rodolfo Aníbal Fallas Castro es profesor de la Maestría Gestión y Administración Ambiental en la Universidad Latina de Costa Rica, Campus Heredia (antigua Universidad Interamericana de Costa Rica).



sábado, 13 de noviembre de 2010

La Mujer que lo Tiene Todo

En el blog anterior quise compartirles el Monólogo de una Mujer Moderna, una crítica bastante sarcástica, irónica y real de nuestra condición como mujeres liberadas. Pues bien, para dar un poco de continuidad al tema y no dejarlo solamente como una frustración sin tratamiento, hoy quiero comentar un poco un texto que se llama “La Mujer que lo Tiene Todo”, de Marcus Buckingham, y al que llegué luego de ver una serie de podcasts en Oprah.
Dice la periodista mexicana Adela Micha que en hoy día las mujeres debemos tenerlo todo: profesión, pareja, familia, hijos, imagen, éxito, etcétera, etcétera, etcétera. Todo gracias a la liberación femenina que inició hace unas décadas. Y esa búsqueda por obtenerlo todo y más nos está sacando de quicio y nos desgasta hasta hacernos sentir miserables. Por su parte, el inglés experto en temas laborales y de crecimiento personal explica que tenerlo todo NO significa tener todo lo que deseamos, a la misma vez, y todo el tiempo, sino darnos importancia a nosotras mismas, y así tener la satisfacción necesaria para encontrar el propósito en nuestra propia vida, y lograr cumplir nuestro rol como seres humanos (incluso propone realizar un test en línea para conocerlo en http://www.unamejorvidatest.com/). Y entonces es común que a partir de cierta edad, y luego de diferentes experiencias, empecemos a cuestionarnos si nos hemos preocupado por ser quienes queríamos ser, si logramos mantenernos como pensábamos, y si seremos capaces de ser felices y satisfechas a lo largo de lo queda de nuestra existencia. Claro, a menudo nos hayamos en una encrucijada donde descubrimos que aquello que teníamos o que anhelábamos simplemente se esfumó, aún sin saber por qué.
Marcus Buckingham en la sesión realizada
a 30 mujeres en el programa de Oprah
Así, la pregunta central es “¿Qué debemos cambiar cuando nuestro propósito se ha perdido?” En primera instancia, Buckingham dice que para realizar ese cambio requerimos de dos cosas: primero, FE para creer en él, y segundo VALOR para hacerlo posible. Y consolidar la fe y el valor se logra sólo si volcamos nuestra visión hacia nuestras propias fortalezas.
Resulta entonces que debemos entender que las fortalezas son aquellas cosas que nos fortalecen, que nos hacen sentir completas e importantes, aquello de lo cual tenemos completo dominio y control, y no necesariamente aquellas cosas que hacemos bien y que los demás nos dicen que somos buenísimas haciendo –porque a fin de cuentas, los demás sólo creen conocernos suficiente, pero la realidad es que sólo nosotras nos conocemos realmente bien, y sabemos cuáles son nuestras capacidades-. (Para empezar a trabajar en esto preguntate; ¿Conozco mis fortalezas? ¿Las aplico?) Por otra parte, según el experto, las debilidades –por redundante que suene- son aquellas cosas o acciones que me debilitan, no son las áreas en las que requiero mejora.
Otro punto que nos causa insatisfacción, aparte de no reconocer nuestras fortalezas, es la cantidad de elecciones que debemos hacer (qué papel cumplo, hago lo que me hace feliz, lo que me gusta o lo que me deja dinero, por ejemplo). Encaramos una amplia variedad de elecciones, y esto se convierte en un largo proceso de selección por la perfección, decidiendo qué hacemos, y luego dudando porqué lo hicimos, entonces surge la insatisfacción por la culpa o el remordimiento ante las alternativas tomadas y dejadas. Y no es que el tiempo no alcance para realizar todas nuestras decisiones; es que dividimos nuestra atención entre un sinfín de opciones a la vez. No nos especializamos en ser la persona que queremos ser, sino que nos entregamos en ser el ente multitarea para los demás.
Nota curiosa para Quien Quiere Ser Millonario: el nivel funcional de inteligencia de una persona baja 10 puntos cuando hace varias cosas a la vez, lo que equivale a perder una noche de sueño. Pero no sólo eso, sino que nos afecta también en la acumulación de grasa en el cuerpo. “Hacer más cosas en menos tiempo hace que trabajemos más despacio” ya que al tener más estrés hay mayor producción de cortisona y adrenalina, y a menudo la cortisona se aloja en el abdomen. Así que a priorizar intereses y esfuerzos.
A manera de conclusión, he seleccionado cinco postulados de los muchos que plantea Buckingham para nuestra reflexión y para que nos motiven a realizar los ajustes necesarios para lograr vivir la vida que queremos y tener todo lo que merecemos y deseamos:
  • Una vida plena no es lo que haces; es lo que sientes.
  • La plenitud tiene que ver con crecimiento y aprendizaje (sino te estancas).
  • No se trata de vivir el momento, sino de buscar el momento que nos haga sentir plenas.
  • Hay que darle importancia a los detalles, pues son intensos (y la intensidad es sinónimo de plenitud).
  • Hay que permitirse sentirse cansada, pero nunca abrumada y vacía.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Monólogo de una Mujer Moderna

Hoy quiero reproducir este texto, que me llegó al correo hace ya un par de meses, pero que tiene vigencia eterna. Es una posición en la que a menudo yo misma me encuentro, y en la que hemos coincidido entre varias mujeres, amigas, compañeras, familiares…
Se dice que en alguna ocasión Adela Micha leyó esta puesta al aire. No sé si será cierto o no que lo leyó, tampoco si fue ella quien lo redactó, pero es tan cierto y concreto,  y tan liberador, que tengo que postearlo. A lo mejor ya lo han leído, o quizás no, en todo caso, ¡disfrútenlo!
PD: le agregué unas imágenes de Maitena para concretizar el estado.

MONÓLOGO DE UNA MUJER MODERNA

Son las 6:00 am., el despertador no para de sonar y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared, estoy acabada, quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc. Si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores. Todo, menos salir de casa, meter primera y tener que poner el cerebro a funcionar.
Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la  grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer, y por qué hizo eso con nosotras, que nacimos después de ella.
Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos. La vida era un gran curso de artesanos, medicina alternativa y cocina.
Y después se puso mejor; teníamos servidumbre, llego el teléfono, las  telenovelas, la píldora, la tarjeta de crédito,¡¡¡ahora el Internet!!
¡¡¡Cuántas horas de paz!!!
Hasta que vino una pendejita, a la que por lo visto no le gustaba el corpiño, ni dedicarse al hogar, vino a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras sobre 'vamos a conquistar nuestro espacio'. ¡¡¡Qué espacio ni qué la chingada!!!
¡¡¡Si ya teníamos la casa entera!!! ¡¡¡Todo el barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies!!!  Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse... y ahora... ¿Dónde carajos están, dónde?
Acabamos muertas, ni hacer el amor queremos, nos  duele la cabeza, argumentamos mil tarugadas por cansancio...
Nuestro espacio... ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñan en la sociedad, huyen de nosotras, como el diablo de la cruz, les damos miedo, tanta pinche independencia acabo por hacerlos huir o en el peor de los casos ya no saben que ellos mantenían la casa y nosotras terminamos  por mantenernos... ¡¡¡pues claroooo!!!
Ese chistecito, acabó llenándonos de deberes, y lo peor de todo, ¡¡¡acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda!!!
Antiguamente los casamientos duraban para siempre. ¡¡¡Y ahora si te divorcias hasta hay que mantenerlos a los @#%&&&"#!!!
¿Por qué, díganme por qué, la liberación femenina????...que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos...
Miren el tamaño del bíceps de ellos y miren el tamaño del nuestro. Estaba muy claro, cada quien en su sitio desde Adán y Eva....liberación femenina...esto no iba a terminar bien, ¡¡¡claro que no!!!
No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero con bubis y trasero durito y bien parado, para lo cual tengo que matarme en el gimnasio, además de morirme de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente al escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las mechas, que las canas son peor que la lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo, tener que resolver la mitad de las cosas por el celular, instalarme todo el día frente al PC trabajando como una esclava (moderna, claro está), con un teléfono en el oído y resolviendo problemas uno detrás de otro, que además ni son mis pinches problemas!!!
Todo para salir con los ojos rojos (por el monitor, claro, porque para llorar de amor, ni tiempo hay), ¡¡¡y mira que teníamos todo resuelto!!!
Estamos pagando el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del  currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades.
Nos volvimos 'súper mujeres’. ¡¡¡Pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes estos cabrones!!
¿¿¡¡¡QUÉ PASAAAAAA!!!??     ¡¡¡YA BASTAA!!!
Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana. Si nosotras ya sabíamos que teníamos un cerebro y que lo podíamos usar. ¿¿Para quééééé había que demostrárselo a ellos, a ver para quééééé??
Ay, Dios mío, son las 6:30 am y tengo que levantarme... ¡que fría está esta solitaria y grandísima cama!... carajos!!!!... quiero que un maridito llegue del trabajo, que se siente en el sofá, que disfrutemos de una cena juntos, que me haga el amor muy rico, que me haga sentir mujer.... porque descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera que atragantarme con un sándwich y una coca-cola light mientras termino el trabajo que me traje a casa, para variar.
No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas... y... ¡¡¡abandonadas!!!!   Estoy hablando muy seriamente... Renuncio a  mi puesto de mujer moderna.

¿ALGUIEN MÁS SE SUMA...???????


viernes, 22 de octubre de 2010

Administración, liderazgo, y apertura: requisitos para los agentes de cambio


Este par de semanas anteriores he estado leyendo sobre diferentes temas, algunos por entretenimiento, otros por obligación, pero todos han convergido en la necesidad imperiosa de buscar cómo crecer como personas.
Pues bien, comencé leyendo algunos capítulos del libro de texto del curso de Gerencia porque tenía examen, y aunque muchos temas son ya rutinarios, la verdad es que son necesarios. Aspectos como los fundamentalismos de la administración, la toma de decisiones, el liderazgo y la motivación de personal me han recalcado que a menudo las personas que estudian para administradores –con el perdón de aquellos que son amigos y que espero no caigan en esta categoría- lo hacen porque esta es una carrera acomodaticia y que no lleva en sí el descubrimiento de una vocación. Pero antes de que me cuestionen, permítanme irles explicando a qué me refiero.
Al llegar a la “edad adulta” en que nos graduamos del colegio y debemos decidir qué queremos ser en la vida -o más bien a qué nos dedicaremos-, nos encontramos ante cientos de preguntas y posibilidades sin saber siquiera quiénes somos en realidad. No manejamos un concepto claro de nuestra identidad, nuestra cultura, nuestros valores, o incluso nuestros deseos. ¡Pero paradójicamente aún así debemos elegir!

Algunos pocos cuentan con la suerte de saber a ciencia cierta cuál es su vocación: artes, medicina, ciencias sociales, ingeniería… Otros vamos descubriendo o adaptando nuestro llamado en el camino (al mejor estilo del método científico de prueba y error, comprobando nuestras hipótesis de lo que nos podría funcionar, lo que podríamos hacer bien, y lo que nos haría sentir bien), pero otros se dejan enamorar por la cantidad de anuncios que aparecen en el periódico o en buscadores que atractivamente solicitan un “gerente”… Aaaah sí, qué lindo suena esa palabra que denota uno de los puestos más altos en las jerarquías organizacionales, una posición de estatus y poder… relativamente.
Entonces se enfundan en cursos de razonamientos matemáticos, estadísticos y probabilísticos para manejar una empresa, pero lamentablemente no asimilan las bases humanísticas que les fomente la obligación de conocer sobre gestión de personal, pues para eso estará la gente de recursos humanos, o no? (esos que se centran en planillas, amonestaciones y archivo de expedientes). Pasa que se cultivan conocimientos sobre retorno de inversión y planeación estratégica, pero no de liderazgo ni de criterio. Y si estos conceptos no se inculcan en las aulas, no es de extrañar que los administradores tampoco se preocupen en adquirirlos por su parte (amigos, la lectura es trascendental para adquirir conocimiento, así que lean, lean de todos los temas que puedan, desde ideologías y filosofías hasta tecnología y tendencias sociales, hagan su propio coaching, crezcan y entiendan por qué para ser gestor de cambio y liderazgo es más importante conocer que sólo tener ganas de dirigir).
¿Qué dice un(a) gerente que considera que los piercings son una aberración por considerarlos un tabú sadomasoquista, o que cree que en realidad existe la publicidad subliminal, o que me pregunta qué pienso sobre un punto equis y al final me responde despectivamente “esa es su opinión”? ¿O uno(a) que al contarle mis inconformidades no tenga más palabras que “eso pasa, con eso hay lidiar” y corra a contarle a otro superior que estoy molesta en vez de ayudarme a canalizar el síndrome de burn-out? [i]  Los ejemplos anteriores no son más que una muestra de prejuicios, carencia de información y apertura –eufemismo para ignorancia-, autosuficiencia e insuficiencia… todo lo contrario a lo que esperamos que haga la Dirección. La gestión de una empresa tiene un alcance más allá de la coordinación administrativa y numérica. El éxito de una empresa lo determina en gran medida el sentido de pertenencia, arraigo e importancia con que el capital humano trabaja, y con actitudes como las descritas anteriormente en definitiva no surgirá el convencimiento entre los “seguidores”, ni se les estará motivando a participar activamente en la organización.
Mi punto es que un gerente que no es líder realmente no logra a cabalidad su función. A fin de cuentas, qué es un líder sin gente que lo siga? Pues simplemente una figura que se reduce a una autoridad por posición. Pero para llegar a ser un líder verdadero, éste debe primero conocer sus capacidades, limitaciones y cualidades.
Mientras participaba en un foro sobre Cultura, me cuestioné y me recordé a mí misma que la cultura es en definitiva conocimiento, identidad, pertenencia, e individualidad en torno al colectivismo. Y eso aplica para todos los ámbitos de nuestro diario convivir, lo que me hico concluir que esa identidad es crucial también para el liderazgo. Administradores: sepan primero quiénes son ustedes y qué es lo que quieren lograr y por qué lo quieren lograr, si no tienen seguridad en sí mismos no podrán guiar a un equipo; es más, ni siquiera tendrán un equipo.
Ahora acabo de tomar “Wikinomics”, uno de los tantos libros que tengo pendientes por leer, y encuentro que su tesis termina de reforzar este planteamiento. De acuerdo a sus autores Don Tapscott y Anthony D. Williams, la nueva era de la Web 2.0 está funcionando debido a que, en conjunto, los participantes de la sociedad podemos brindar con trascendencia nuestros aportes al resto de la humanidad gracias a la conformación de comunidades. Comunidades donde no importa nuestro título, nuestra experiencia, nuestro renombre, en tanto la contribución que brindemos sea valedera y no egoísta; donde seamos valorados como individuos, no como empleados; donde la motivación surja desde nuestro interior porque logramos vincular nuestro conocimiento con un proyecto de beneficio común, no por unos papeles con valor de moneda.
En resumidas cuentas, en la colaboración masiva podemos ofrecer nuestro propio liderazgo a quien desee seguirlo y aprovecharlo, sin ser impositivos. El liderazgo fluye dentro de la interacción social, como parte de la naturaleza humana, y en tanto la mayoría de nosotros pueda ejercer una contribución significativa, la mayoría de nosotros podrá satisfacer las necesidades de pertenencia, estima y autorrealización que nos completan como seres humanos.


[i] Yo cuestiono esas preguntas con las siguientes: ¿Es que los indígenas eran sadomasoquistas por sus perforaciones en lugar de demostrar su pertenencia a tribus o castas? ¿Es que las empresas económicamente poderosas no buscan a los mejores talentos creativos para sus campañas sino que deciden arriesgar su reputación y van a invertir su tiempo en propaganda morbosa? ¿Para qué me preguntás qué pienso si ni te interesa saberlo porque me cortás la conversación o no considerás que lo que digo tiene valor? ¿Para qué trabajás con seres humanos si no podes atenderlos?

lunes, 4 de octubre de 2010

El Arte del Mínimo Esfuerzo

La primera vez que oí esta frase quedé cautivada. Siempre que hablamos del mínimo esfuerzo lo hacemos de manera despectiva y recriminatoria, así que verla escrita en un libro me hizo considerar que el mínimo esfuerzo no es forzosamente algo negativo, sino algo que requiere gracia y garbo, y que nos puede llevar a alcanzar la tranquilidad al dejar de lado tanto lastre que se nos acumula alrededor.

“Hacer mucho no conduce automáticamente a tener a mucho éxito o muchos ingresos. Al contrario.
Llega un punto en el que hacer cada vez más
nos reporta cada vez menos.”
Barbara Berckhan
Es un hecho que la plaga de nuestros días es el estrés; ese padecimiento que nos quita la tranquilidad cuando vemos que aumentan nuestras adicciones, tenemos problemas de insomnio, poca o nula comprensión a los demás, y una gran falta de atención. Todo esto nos merma la capacidad de disfrute de las actividades que desarrollamos durante el día; pero no debería ser así. Está en nosotros mismos evitar consumirnos por factores externos que casi siempre no tienen mayor importancia.
¿Cómo logro entonces quitarme de encima las “obligaciones” sin desgastarme tanto?
He aquí algunos consejos:
1. No te ahogués en tareas poco importantes que parecen inofensivas pero que generalmente vienen en manada, y terminas diciéndote “que no me olvide de…, tengo que pensar en…”. Este tipo de tareas que te inoportunan diariamente, especialmente en tu cabeza. Así que no te impongás demasiadas cargas, seleccioná cuáles asumir y cuales tirar, resolvelas sin complicarte, agrupalas para evitar duplicaciones y retrasos.
2. Liberate de los ladrones de energía. Reconocelos. Son los que te quitan el tiempo por que pensás mucho en ellos, te confunden, te enojan y te deprimen, y a menudo son historias que se repiten sin resultados o finales concretos. Tomá una decisión clara de lo que querés que cambié, decíselo a quien esté involucrado y evitá que se repita.
Alejate de
a.  rumores y chismes. No los escuchés.
b.  fanfarrones y pajosos. Limitales su tiempo de acción. Entre más interactúen contigo, más oportunidad les das de robarte la energía.
c.  apresurados y ajetreados. Todo es urgente, no? Si lo urgente verdaderamente no es tu problema, dejá que otros se encarguen de ello.
d.  historias interminables de problemas y miserias. Todos tenemos problemas, y es una pena que algunos tengan que enfrentar cosas realmente difíciles, pero tratá de no involucrarte más allá de lo que podás soportar.
3.  Ponete en primer lugar. En lugar de abarcar todo de una vez, distribuí el trabajo por tareas, objetivos, tiempo, encargados, etc.
4.  Quedate sentado(a) y aguantá. Si hay un desastre y nadie actúa es porque todos esperan que lo hagás vos. No tenés que resolverlo todo, así que deberás aprender a que queden cosas sin terminar.
5. Por cada obligación que asumas, dejá una de lado. Delegá trabajos desagradables.
6.  No te quejés porque estás agobiado de trabajo. Los demás velan por sus propios intereses y la verdad, por más que duela, es que no saldrán a ayudarte.
7.  Recordá que la fatiga no es una virtud.
8. Ganá dinero con tus talentos. La vida resulta realmente agotadora si constantemente debes hacer cosas que no van con vos. Trabajá con tus habilidades.
9.  Dedicale más a lo que te satisface, y aprovechá todo lo que suponga un desahogo.
10. Apuntá a la diana. Concentrate en lo que realmente importa, y descubrí el valor de los que hacés (porqué y para qué te piden que lo hagas). Prescindí de lo innecesario.
Finalmente, recordá que la constancia proviene de los descansos. Sin descanso no hay ritmo, así que empezá a considerar dejarte llevar por la pereza:
·   Establecé horarios para no estar localizable; establece distancias
·   Buscá un lugar para relajarte
·   Olvidate del celular de vez en cuando
·   Has gimnasia mental; evita los bombardeos de comentarios e información

Un trabajo es sólo un medio de ganarse la vida. ¡Primero estás vos!


lunes, 27 de septiembre de 2010

"¡Odio a la gente...!"


“Quienes trabajan no se agotan porque trabajen mucho;
se agotan por culpa de la otra gente” 


(Littman & Hershon, 6)

La gente decepciona…


Los 10 Menos Deseados:

¿Quién no se ha sentido cansado de tener que lidiar con la gente? Todos, absolutamente todos, hemos querido ahorcar a alguna persona en particular en un periodo en específico. En la casa, en el trabajo, en el estudio... Pues bien, hace un tiempo mientras daba mi visita semanal a la librería me encontré un libro que se llama I Hate People! (“¡Odio a la gente!”), y como andaba en medio de una crisis de burn out, de esas en que no me soportaba ni a mí misma, lo compré de inmediato. Cuando llegué a la caja y pagué sentí un poco de pena, ¿qué iba a pensar el cajero, que era una antisocial depresiva y repulsiva que no se lleva con el resto de la humanidad? Claro que en dos segundos recordé que compraba el libro para terapiarme… y aunque no me resolvió la existencia, sí me ayudó a sentirme acompañada y a saber identificar ciertos patrones molestos. Aquí van en resumen (hay quiénes pueden ser ofensores múltiples, o sea que vienen en combo):
a. Los Obstáculos de Tropiezo: son aquellas personas que pretenden decirnos lo que debemos  o no debemos hacer, lo que pasará o no sucederá; y por eso detienen nuestra iniciativa y agotan nuestra energía en proyectos que toman tanto tiempo que se vuelven inútiles.
1.  El Cuadrado: No da chance para razonar, pues sólo sus puntos y razones son los más valiosos y maravillosos aún cuando distan mucho de ser brillantes. Como dijo Benjamín Franklin “Cualquier tonto puede criticar, condenar y quejarse –y la mayoría de tontos lo hace-”. Una de las estrategias para tratar con este tipo de necios es crear un consenso entre tus compañeros antes de tomar decisiones para evitar que se apruebe su gran idea.
2.  El Montado: el que se aprovecha de tus destrezas y te sobrecarga con todo tipo de tareas. Finge tomarte en cuenta para sus proyectos, pero en realidad cree que sos ingenuo. ¿Cómo enfrentarlo? Llenalo de preguntas. Pedile que te de un detalle por escrito de todo lo que ocupa (que incluya tiempo y requerimientos). Casi siempre es tan vago que preferirá buscar otra víctima.
3.  El Matón: Este tipo tratará de intimidarte tanto como pueda para poder pasarte por encima. Sorprendelo desprevenido y preguntale su opinión sobre un tema que tenga que ver con ambos. O decidite a confrontarlo de una vez. Esto le hará entender que vos comprendiste su punto y entonces retrocederá a buscar otra presa más fácil.
b. Los que te desvían: son manipuladores, habilidosos y sutiles. Son esos que se llevan tan bien con vos y que luego te sabotean.
4.  El simpático: su modus operandi busca ocultar el dolor. Se ríe a menudo, o al menos finge reírse (si sus cejas y párpados no se mueven al reírse, se trata de una sonrisa falsa). Con esta gente uno nunca sabe lo que quieren o lo que hacen. Su probable hipocresía no tiene una estrategia con qué enfrentarse, así que lo único que queda por hacer cuando no sabemos interpretar su sonrisa es preguntarle “¿De qué te estás riendo?”. Puede que no obtengamos respuesta, pero al menos lo habremos delatado.
5. Mentiroso, mentiroso: carece de confianza en sí mismo, y por eso trata de agradarle a los demás aunque sea a base de mentiras. Cuando se le encara, culpa a otra persona muy habilidosamente –o a las inconsistencias de la tecnología: “Nunca recibí ese correo” o “El servidor se dañó”. Pero el patrón no se limita a decir mentiras concretamente; también puede caracterizarse por tardar en responder, retener información, dar signos de ambivalencia, repetición o irresponsabilidad. Aquí, lo más recomendable es tratar de desenmascararlo poco a poco.
6.   El Puñal: es confuso y difícil de prever. A menudo lo podés confundir por amigo, sólo para luego darte cuenta de que te traiciona. Y no sólo de forma que te hace odiarlo, sino que hasta te puede hacer daño. Este puñal te puede destruir tu imagen, tu reputación, o tu ego. Puede hundir su navaja suave y lentamente a lo largo del tiempo, o simplemente clavártela de pronto. Lo único seguro es que no sabrás lo que es capaz de hacer, hasta que lo hace. Algunas pistas para dar con estos molestos personajes:
a) Aquél que se queja de todo y de todos, menos de vos que sos “su compañero”.
b)  El que te quiere serruchar el piso mientras estás de vacaciones.
c. Los Roba-Tiempo: ni quieren perjudicarte ni quieren aprovecharse de vos. No juegan sucio, pero por ellos se dice que “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. Los Roba-Tiempo te quitan tu posesión más valiosa poco a poco… porque no saben ayudarse a sí mismos.
7.  El ¿Tenés un minuto?: es súper peligroso porque te toma antes de que te des cuenta de que viene. Sólo ocupa un minutito de tu tiempo para que le ayudés a sacar una copia, a hacer una reservación, a configurar un documento… cualquier excusa es buena. A este es mejor asignarlo en una tarea aislada o reubicarlo en alguna posición más conveniente y acorde con sus habilidades. Podés contrarrestarlo si le decís que apenas tenés dos minutos para atenderlo, porque tenés otras cosas que hacer. Así no perderás tanto tiempo ni te ganarás enemigos. O pedile que en lugar de enviarte 159 correos al día, escriba uno sólo con todas las consultas que tiene que hacerte, así podés responderle todas en un solo correo y eficazmente.
8.  El Sábelo-Nada: es aquél que tiene mucha información sin trascendencia. Sabe muchos datos sobre cosas sin importancia, y te puede volver loco mientras hablan, y hablan, y hablan. Lo mejor es preguntarle por la fuente de su información; cuando se dé cuenta de que no tiene valor, se dará por vencido.
9.   El Controlador: es obsesivo; no delega. Puede creer que aporta orden y control, pero te saca de quicio y seca tu fuente de energía. ¿Por qué no tratás de hacerle creer que tu idea es en realidad su idea?
10. La mansa ovejita: evita tomar decisiones. No es que le cueste pensar; es que no quiere hacerlo, entonces te obliga a hacerlo por ellos. Pero aún así, te seguirá, así que hacelo sentir importante, especial y único, que esto lo motivará y afianzará su confianza en sí mismo.



¿A cuántos identificaste?






El Vuelo en Solitario

Aunque la tendencia mundial se inclina a hablar del trabajo en equipo, no se puede ignorar la importancia del brillo individual. Cada uno de nosotros constituye una marca individual y extraordinaria, en la que se integra una conexión entre el esfuerzo individual y el logro. A partir de ahí, debemos reconocer que somos nosotros mismos quienes podemos marcar la diferencia justo donde estamos; por nuestras características, no por ser uno más del grupo.
El Solista no es una persona antisocial, solitaria o disidente. Por el contrario, encaja sutilmente dentro de un grupo, pero generalmente juega en él con un expertise de líder o especialista, y se superará cuando pueda trabajar solo. ¿Pero cuál es la razón del éxito de las individualidades? Muy simple; entre más gente se involucre en un problema, menos serán los que aporten la solución. Así que entre menos personas involucradas, se darán mejores soluciones, o al menos mejor enfocadas.
El mundo del Solista está lleno de ideas que toman tiempo y espacio, pero que al mismo tiempo le permiten jugar con ellas, expandirlas, y concretarlas. Por eso es que el ser solista nace desde adentro. ¡Creé en tu propio potencial y verás en el poder de tu creatividad!

Algunos Principios del Solista
  1. Separarse del grupo no es negarse al grupo (todos ocupamos una espacio aparte).
  2. Lograr el éxito no siempre me hará popular (de hecho a menudo me traerá enemigos y me rodeará de envidiosos).
  3. La creatividad no se ajusta a una hoja de cálculo.
  4. Un genio no se apega a un reloj.
  5. "Yo también importo".

Identificá las interferencias
W. Edwards Deming, el padre de la mejora continua, explica que “el trabajador americano promedio tiene cincuenta interrupciones al día, y de las cuales el 70% no tiene nada que ver con el trabajo”. Estos distractores vienen desde E-mails (del tipo basura, sin contenido, con necedades, material no trascendente, etc.), gente adicta a la tecnología que trata de conseguirte por todos los medios, hasta la gente 24/7  -los que no se apagan ni tienen vida, y no te dejan tener vida-.
Combatí esta interferencia a través del método DRN: Delega, Retrasa, Niega. Delega alguna tarea menor a una persona de confianza; retrasa la entrega del pedido o la solicitud con una expectativa de respuesta ("haré lo posible por tenerlo para el martes"); y finalmente simplemente decí “No” –no tiene nada malo y es directo, claro y conciso. Claro, hacelo con delicadeza-.
Estas tácticas te ayudarán a mantener la cordura durante el día.

Otros distractores (o más bien actitudes y comportamientos roba-energías)
Creo que todos hemos sido víctimas de:
  • La falta de respuesta -aquí se incluye la pseudo-respuesta (“Te entiendo”); la no-respuesta cortés de no aparecer, no contestar (“En este momento no se encuentra”, “Voy para una reunión”); la que parece que te están ayudando, pero todavía no te dan el sí (“Estoy averiguando”), y las que no te dicen nada (“Lo veré apenas pueda”).
  • Los que hablan demasiado fuerte.
  • Los tonos de llamada ridículos y molestos.
  • Hablar por el speaker (aparte de molesto, es de muy mala educación por cierto).
  • La falta de cortesía y normas de urbanidad.
  • La falta de higiene de los demás.
  • Las quejas constantes.
  • Los desórdenes y la falta de limpieza.
  • La gente que “se quita el tiro” –evade- una tarea.
  • Cantar durante las horas de trabajo.
  • Caminar con pasos pesados o arrastrados.
  • Los movimientos constantes de manos y los tics.
Y por si eso no fuera poco, aún hay más tipos de gente que puede crisparte la piel diariamente:
  • El que nunca está preparado (no lleva lapicero, no lee memos, etc.).
  • El muerto de hambre (come mucho y a toda hora).
  • El mal comediante.
  • La hiena (se ríe de todo y por nada).
  • El que no se calla (pasa hablando todo el tiempo).
  • El cleptómano (se deja todo lo que pide prestado).
  • El chismoso.
  • El acosador y machista.
  • El "invade espacios".
  • El experto en efectos de sonido (hace ruido con lo tenga en sus manos o a su alcance).
  • El que anuncia todo lo que hace (“Voy al baño", "voy por agua", etc.).

El escape
Por todas estas y muchas otras razones, es que sentimos que la convivencia diaria se nos vuelve como una camisa de fuerza, y necesitamos desesperadamente de una terapia de liberación. Es cansado, desgastante y tedioso tener que lidiar con estas conductas. Así que debemos buscar nuestra cueva; identificar el refugio donde podemos alimentar nuestra creatividad y productividad. Este es el lugar donde nos sentimos a gusto y adonde podemos ir en nuestro tiempo libre a recargar energías.
También podemos optar por viajar a nuestra propia isla paradisiaca, que no es más que aquél hobby, pasión o actividad que nos llena de inspiración y relajación. Por sencillo y corto que sea ese pasatiempo, debe ser liberador, y debe ser una razón que nos haga sentir vivos.

Y para complementar este resumen, los invito a ver este video de Susan Cain, autora de "Quiet, The Power of Introverts", quien concuerda en que un poco de individualismo -especialmente en las personas introvertidas- puede llegar a ser un detonante de creatividad.