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sábado, 22 de marzo de 2014

Gente Positiva, Gente Negativa


"Dar el ejemplo no es la principal manera 
de influir en los demás, es la única".
- Albert Einstein


Pues sí. De todos los tipos de personas que existen sobre la faz de la tierra, sólo hay dos que determinan la realización de las cosas, y con ellas, la satisfacción de las personas: la gente positiva y la gente negativa. Y es precisamente la percepción de sus entornos y la reacción que tienen ante la vida la que determina el resultado de sus acciones y de su existencia.  

Con un título tan sencillo pero tan directo, el libro "Gente Positiva, Gente Negativa" de Germán Castaños nos lleva de la mano y paso a paso por la vitrina el optimismo y sus ventajas. Este consultor argentino en coaching, marketing y emprendedurismo indica en la introducción que este es un material para "descubrir, desarrollar, potenciar e inventar optimistas", para que aprovechemos las oportunidades que la vida nos presenta cada día.

A través de capítulos cortos, citas realmente impactantes y datos curiosos, el autor nos explica que el optimismo está intimamente ligado a la creatividad y a la intuición. ¡Y realmente creo que tiene razón! No hay mayor capacidad de logro que cuando dejamos volar nuestra imaginación, libre de preconceptos, estereotipos, y formalidades que generalmente existen para controlar o contener iniciativas. No es que abogue por la subversión o el irrespeto, sino que es necesario comprender que lo posible sólo es realizable cuando confiamos en la intuición, en la ilusión y en la capacidad de ver lo invisible. Sólo así podremos innovar o reinventar nuestros métodos para obtener mejores resultados.

La gran característica que diferencia al optimista del pesimista es que el primero cree que las cosas siempre se pueden hacer mejor, o sea que huye del conformismo. Y eso le permite asimilar los fracasos, accidentes y errores como parte fundamental del aprendizaje, en vez de tomarlos como golpes fatales del destino.

De esta manera, el optimista se destaca por su resiliencia y continúa adelante con sus propósitos a pesar de los obstáculos. Alimenta su espíritu y ejercita sus fortalezas para salir adelante. Y es consciente de que sus ideas y esfuerzos siempre son valiosos.

Si lo que necesitás es inspiración para salir del atasco, "Gente Positiva, Gente Negativa" te presentará muchas historias clave para tomar como ejemplo y mantenerte con una actitud ganadora y asertiva.




miércoles, 20 de julio de 2011

Cambiando el mundo una sonrisa a la vez

Ahora que los tiempos son tan convulsos y vemos sangre por todos lados, oímos golpes y gritos a escasos metros, y el ambiente huele a putrefacción cada kilómetro, me he puesto a pensar un poco en lo necesario que es marcar una diferencia del y en el resto de la sociedad.
Casi todos los días en algún lugar nos recomiendan ser agentes de cambio y de influencia, pero suponemos que para lograrlo debemos ser genios –o magnates- para aportar soluciones que nos saquen del tercermundismo, o ser megaconocidos para lograr transformar el comportamiento de un grupo significativo de personas. Pero lo cierto del caso es que no se necesita más que voluntad para aportarle algo diferente al mundo.
Con pocas y sencillas acciones podemos detonar cambios de actitudes en cuestión de segundos, o cambiarle el día a alguien, o hasta hacer memorable un segundo que agonizaba en el olvido. Tan sólo debemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para combatir la indiferencia? ¿Cómo me alejo de tanta irrelevancia?
Estas son preguntas que todos deberíamos hacernos a diario si verdaderamente nos importa nuestro futuro y si tenemos suficiente respeto por nuestra propia dignidad. Les aseguro que si logramos responderla al final del día, estaremos demostrando que podemos marcar un cambio en nuestra actitud y en la de quienes rodean. Sin embargo, nuestras respuestas requieren que asumamos un compromiso personal hacia adentro y hacia fuera de nosotros mismos.
Por eso decidí formalizar mi compromiso con la humanidad; hoy, aquí, ahora. En este momento me comprometo a dar lo mejor de mí como persona. Mi compromiso es ser feliz y hacer que los demás sonrían al menos una vez al día. Lo hago porque creo infinitamente en el poder de la risa y la sonrisa. No es que haya decidido ser comediante, aunque muchas veces pareciera que me tomo la vida como si fuera un chiste. Lo que pasa es que -a fin de cuentas- la felicidad es un estado mental precedido por una decisión, y yo decido que a pesar de toda la negatividad que nos envuelve, es mi responsabilidad sentirme bien y esforzarme por contagiar de buena vibra a quienes estén a mi lado aunque sea por unos breves minutos. Que sonrían por una broma, por una mueca, por un saludo, por un gesto, por un abrazo… por lo que sea, pero que sonrían, pues la sonrisa es un ejercicio para el rostro, para el cuerpo y para el espíritu.
También estoy comprometida con el optimismo y lo he adoptado como estilo de vida. Confío en las buenas intenciones y sé que las actitudes positivas pueden convertirse en una epidemia beneficiosa si tratamos de difundirlas con ahínco. Creo que una pequeña acción -como una sonrisa- puede iniciar un efecto dominó que a su vez provoque efectos colaterales positivos en nuestra gente. Aparte, no cuesta nada y podemos lograr cambios significativos.
Nuestro mundo se está reduciendo a un hábitat sin armonía ni humanidad. Vivimos en una incesante y paradójica aceleración monótona que nos envuelve día a día, y perdemos de vista el horizonte. Nuestras prioridades se disfrazan de importancia y urgencia y en realidad no son más que irrelevancias. Así que los invito a que hagamos un fugaz monitoreo de nuestra existencia y examinemos qué podemos hacer diariamente para rescatar nuestra dignidad y para evitar una “vida” en depresión crónica. Vale la pena el intento.






viernes, 12 de noviembre de 2010

Monólogo de una Mujer Moderna

Hoy quiero reproducir este texto, que me llegó al correo hace ya un par de meses, pero que tiene vigencia eterna. Es una posición en la que a menudo yo misma me encuentro, y en la que hemos coincidido entre varias mujeres, amigas, compañeras, familiares…
Se dice que en alguna ocasión Adela Micha leyó esta puesta al aire. No sé si será cierto o no que lo leyó, tampoco si fue ella quien lo redactó, pero es tan cierto y concreto,  y tan liberador, que tengo que postearlo. A lo mejor ya lo han leído, o quizás no, en todo caso, ¡disfrútenlo!
PD: le agregué unas imágenes de Maitena para concretizar el estado.

MONÓLOGO DE UNA MUJER MODERNA

Son las 6:00 am., el despertador no para de sonar y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared, estoy acabada, quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc. Si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores. Todo, menos salir de casa, meter primera y tener que poner el cerebro a funcionar.
Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la  grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer, y por qué hizo eso con nosotras, que nacimos después de ella.
Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos. La vida era un gran curso de artesanos, medicina alternativa y cocina.
Y después se puso mejor; teníamos servidumbre, llego el teléfono, las  telenovelas, la píldora, la tarjeta de crédito,¡¡¡ahora el Internet!!
¡¡¡Cuántas horas de paz!!!
Hasta que vino una pendejita, a la que por lo visto no le gustaba el corpiño, ni dedicarse al hogar, vino a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras sobre 'vamos a conquistar nuestro espacio'. ¡¡¡Qué espacio ni qué la chingada!!!
¡¡¡Si ya teníamos la casa entera!!! ¡¡¡Todo el barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies!!!  Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse... y ahora... ¿Dónde carajos están, dónde?
Acabamos muertas, ni hacer el amor queremos, nos  duele la cabeza, argumentamos mil tarugadas por cansancio...
Nuestro espacio... ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñan en la sociedad, huyen de nosotras, como el diablo de la cruz, les damos miedo, tanta pinche independencia acabo por hacerlos huir o en el peor de los casos ya no saben que ellos mantenían la casa y nosotras terminamos  por mantenernos... ¡¡¡pues claroooo!!!
Ese chistecito, acabó llenándonos de deberes, y lo peor de todo, ¡¡¡acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda!!!
Antiguamente los casamientos duraban para siempre. ¡¡¡Y ahora si te divorcias hasta hay que mantenerlos a los @#%&&&"#!!!
¿Por qué, díganme por qué, la liberación femenina????...que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos...
Miren el tamaño del bíceps de ellos y miren el tamaño del nuestro. Estaba muy claro, cada quien en su sitio desde Adán y Eva....liberación femenina...esto no iba a terminar bien, ¡¡¡claro que no!!!
No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero con bubis y trasero durito y bien parado, para lo cual tengo que matarme en el gimnasio, además de morirme de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente al escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las mechas, que las canas son peor que la lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo, tener que resolver la mitad de las cosas por el celular, instalarme todo el día frente al PC trabajando como una esclava (moderna, claro está), con un teléfono en el oído y resolviendo problemas uno detrás de otro, que además ni son mis pinches problemas!!!
Todo para salir con los ojos rojos (por el monitor, claro, porque para llorar de amor, ni tiempo hay), ¡¡¡y mira que teníamos todo resuelto!!!
Estamos pagando el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del  currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades.
Nos volvimos 'súper mujeres’. ¡¡¡Pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes estos cabrones!!
¿¿¡¡¡QUÉ PASAAAAAA!!!??     ¡¡¡YA BASTAA!!!
Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana. Si nosotras ya sabíamos que teníamos un cerebro y que lo podíamos usar. ¿¿Para quééééé había que demostrárselo a ellos, a ver para quééééé??
Ay, Dios mío, son las 6:30 am y tengo que levantarme... ¡que fría está esta solitaria y grandísima cama!... carajos!!!!... quiero que un maridito llegue del trabajo, que se siente en el sofá, que disfrutemos de una cena juntos, que me haga el amor muy rico, que me haga sentir mujer.... porque descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera que atragantarme con un sándwich y una coca-cola light mientras termino el trabajo que me traje a casa, para variar.
No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas... y... ¡¡¡abandonadas!!!!   Estoy hablando muy seriamente... Renuncio a  mi puesto de mujer moderna.

¿ALGUIEN MÁS SE SUMA...???????


viernes, 22 de octubre de 2010

Administración, liderazgo, y apertura: requisitos para los agentes de cambio


Este par de semanas anteriores he estado leyendo sobre diferentes temas, algunos por entretenimiento, otros por obligación, pero todos han convergido en la necesidad imperiosa de buscar cómo crecer como personas.
Pues bien, comencé leyendo algunos capítulos del libro de texto del curso de Gerencia porque tenía examen, y aunque muchos temas son ya rutinarios, la verdad es que son necesarios. Aspectos como los fundamentalismos de la administración, la toma de decisiones, el liderazgo y la motivación de personal me han recalcado que a menudo las personas que estudian para administradores –con el perdón de aquellos que son amigos y que espero no caigan en esta categoría- lo hacen porque esta es una carrera acomodaticia y que no lleva en sí el descubrimiento de una vocación. Pero antes de que me cuestionen, permítanme irles explicando a qué me refiero.
Al llegar a la “edad adulta” en que nos graduamos del colegio y debemos decidir qué queremos ser en la vida -o más bien a qué nos dedicaremos-, nos encontramos ante cientos de preguntas y posibilidades sin saber siquiera quiénes somos en realidad. No manejamos un concepto claro de nuestra identidad, nuestra cultura, nuestros valores, o incluso nuestros deseos. ¡Pero paradójicamente aún así debemos elegir!

Algunos pocos cuentan con la suerte de saber a ciencia cierta cuál es su vocación: artes, medicina, ciencias sociales, ingeniería… Otros vamos descubriendo o adaptando nuestro llamado en el camino (al mejor estilo del método científico de prueba y error, comprobando nuestras hipótesis de lo que nos podría funcionar, lo que podríamos hacer bien, y lo que nos haría sentir bien), pero otros se dejan enamorar por la cantidad de anuncios que aparecen en el periódico o en buscadores que atractivamente solicitan un “gerente”… Aaaah sí, qué lindo suena esa palabra que denota uno de los puestos más altos en las jerarquías organizacionales, una posición de estatus y poder… relativamente.
Entonces se enfundan en cursos de razonamientos matemáticos, estadísticos y probabilísticos para manejar una empresa, pero lamentablemente no asimilan las bases humanísticas que les fomente la obligación de conocer sobre gestión de personal, pues para eso estará la gente de recursos humanos, o no? (esos que se centran en planillas, amonestaciones y archivo de expedientes). Pasa que se cultivan conocimientos sobre retorno de inversión y planeación estratégica, pero no de liderazgo ni de criterio. Y si estos conceptos no se inculcan en las aulas, no es de extrañar que los administradores tampoco se preocupen en adquirirlos por su parte (amigos, la lectura es trascendental para adquirir conocimiento, así que lean, lean de todos los temas que puedan, desde ideologías y filosofías hasta tecnología y tendencias sociales, hagan su propio coaching, crezcan y entiendan por qué para ser gestor de cambio y liderazgo es más importante conocer que sólo tener ganas de dirigir).
¿Qué dice un(a) gerente que considera que los piercings son una aberración por considerarlos un tabú sadomasoquista, o que cree que en realidad existe la publicidad subliminal, o que me pregunta qué pienso sobre un punto equis y al final me responde despectivamente “esa es su opinión”? ¿O uno(a) que al contarle mis inconformidades no tenga más palabras que “eso pasa, con eso hay lidiar” y corra a contarle a otro superior que estoy molesta en vez de ayudarme a canalizar el síndrome de burn-out? [i]  Los ejemplos anteriores no son más que una muestra de prejuicios, carencia de información y apertura –eufemismo para ignorancia-, autosuficiencia e insuficiencia… todo lo contrario a lo que esperamos que haga la Dirección. La gestión de una empresa tiene un alcance más allá de la coordinación administrativa y numérica. El éxito de una empresa lo determina en gran medida el sentido de pertenencia, arraigo e importancia con que el capital humano trabaja, y con actitudes como las descritas anteriormente en definitiva no surgirá el convencimiento entre los “seguidores”, ni se les estará motivando a participar activamente en la organización.
Mi punto es que un gerente que no es líder realmente no logra a cabalidad su función. A fin de cuentas, qué es un líder sin gente que lo siga? Pues simplemente una figura que se reduce a una autoridad por posición. Pero para llegar a ser un líder verdadero, éste debe primero conocer sus capacidades, limitaciones y cualidades.
Mientras participaba en un foro sobre Cultura, me cuestioné y me recordé a mí misma que la cultura es en definitiva conocimiento, identidad, pertenencia, e individualidad en torno al colectivismo. Y eso aplica para todos los ámbitos de nuestro diario convivir, lo que me hico concluir que esa identidad es crucial también para el liderazgo. Administradores: sepan primero quiénes son ustedes y qué es lo que quieren lograr y por qué lo quieren lograr, si no tienen seguridad en sí mismos no podrán guiar a un equipo; es más, ni siquiera tendrán un equipo.
Ahora acabo de tomar “Wikinomics”, uno de los tantos libros que tengo pendientes por leer, y encuentro que su tesis termina de reforzar este planteamiento. De acuerdo a sus autores Don Tapscott y Anthony D. Williams, la nueva era de la Web 2.0 está funcionando debido a que, en conjunto, los participantes de la sociedad podemos brindar con trascendencia nuestros aportes al resto de la humanidad gracias a la conformación de comunidades. Comunidades donde no importa nuestro título, nuestra experiencia, nuestro renombre, en tanto la contribución que brindemos sea valedera y no egoísta; donde seamos valorados como individuos, no como empleados; donde la motivación surja desde nuestro interior porque logramos vincular nuestro conocimiento con un proyecto de beneficio común, no por unos papeles con valor de moneda.
En resumidas cuentas, en la colaboración masiva podemos ofrecer nuestro propio liderazgo a quien desee seguirlo y aprovecharlo, sin ser impositivos. El liderazgo fluye dentro de la interacción social, como parte de la naturaleza humana, y en tanto la mayoría de nosotros pueda ejercer una contribución significativa, la mayoría de nosotros podrá satisfacer las necesidades de pertenencia, estima y autorrealización que nos completan como seres humanos.


[i] Yo cuestiono esas preguntas con las siguientes: ¿Es que los indígenas eran sadomasoquistas por sus perforaciones en lugar de demostrar su pertenencia a tribus o castas? ¿Es que las empresas económicamente poderosas no buscan a los mejores talentos creativos para sus campañas sino que deciden arriesgar su reputación y van a invertir su tiempo en propaganda morbosa? ¿Para qué me preguntás qué pienso si ni te interesa saberlo porque me cortás la conversación o no considerás que lo que digo tiene valor? ¿Para qué trabajás con seres humanos si no podes atenderlos?

lunes, 4 de octubre de 2010

El Arte del Mínimo Esfuerzo

La primera vez que oí esta frase quedé cautivada. Siempre que hablamos del mínimo esfuerzo lo hacemos de manera despectiva y recriminatoria, así que verla escrita en un libro me hizo considerar que el mínimo esfuerzo no es forzosamente algo negativo, sino algo que requiere gracia y garbo, y que nos puede llevar a alcanzar la tranquilidad al dejar de lado tanto lastre que se nos acumula alrededor.

“Hacer mucho no conduce automáticamente a tener mucho éxito o muchos ingresos. Al contrario.
Llega un punto en el que hacer cada vez más
nos reporta cada vez menos.”
Barbara Berckhan
Es un hecho que la plaga de nuestros días es el estrés; ese padecimiento que nos quita la tranquilidad cuando vemos que aumentan nuestras adicciones, tenemos problemas de insomnio, poca o nula comprensión a los demás, y una gran falta de atención. Todo esto nos merma la capacidad de disfrute de las actividades que desarrollamos durante el día; pero no debería ser así. Está en nosotros mismos evitar consumirnos por factores externos que casi siempre no tienen mayor importancia.
¿Cómo logro entonces quitarme de encima las “obligaciones” sin desgastarme tanto?
He aquí algunos consejos:
1. No te ahogués en tareas poco importantes que parecen inofensivas pero que generalmente vienen en manada, y terminas diciéndote “que no me olvide de…, tengo que pensar en…”. Este tipo de tareas que te inoportunan diariamente, especialmente en tu cabeza. Así que no te impongás demasiadas cargas, seleccioná cuáles asumir y cuales tirar, resolvelas sin complicarte, agrupalas para evitar duplicaciones y retrasos.
2. Liberate de los ladrones de energía. Reconocelos. Son los que te quitan el tiempo por que pensás mucho en ellos, te confunden, te enojan y te deprimen, y a menudo son historias que se repiten sin resultados o finales concretos. Tomá una decisión clara de lo que querés que cambié, decíselo a quien esté involucrado y evitá que se repita.
Alejate de
a.  rumores y chismes. No los escuchés.
b.  fanfarrones y pajosos. Limitales su tiempo de acción. Entre más interactúen contigo, más oportunidad les das de robarte la energía.
c.  apresurados y ajetreados. Todo es urgente, no? Si lo urgente verdaderamente no es tu problema, dejá que otros se encarguen de ello.
d.  historias interminables de problemas y miserias. Todos tenemos problemas, y es una pena que algunos tengan que enfrentar cosas realmente difíciles, pero tratá de no involucrarte más allá de lo que podás soportar.
3.  Ponete en primer lugar. En lugar de abarcar todo de una vez, distribuí el trabajo por tareas, objetivos, tiempo, encargados, etc.
4.  Quedate sentado(a) y aguantá. Si hay un desastre y nadie actúa es porque todos esperan que lo hagás vos. No tenés que resolverlo todo, así que deberás aprender a que queden cosas sin terminar.
5. Por cada obligación que asumas, dejá una de lado. Delegá trabajos desagradables.
6.  No te quejés porque estás agobiado de trabajo. Los demás velan por sus propios intereses y la verdad, por más que duela, es que no saldrán a ayudarte.
7.  Recordá que la fatiga no es una virtud.
8. Ganá dinero con tus talentos. La vida resulta realmente agotadora si constantemente debes hacer cosas que no van con vos. Trabajá con tus habilidades.
9.  Dedicale más a lo que te satisface, y aprovechá todo lo que suponga un desahogo.
10. Apuntá a la diana. Concentrate en lo que realmente importa, y descubrí el valor de los que hacés (porqué y para qué te piden que lo hagas). Prescindí de lo innecesario.
Finalmente, recordá que la constancia proviene de los descansos. Sin descanso no hay ritmo, así que empezá a considerar dejarte llevar por la pereza:
·   Establecé horarios para no estar localizable; establece distancias
·   Buscá un lugar para relajarte
·   Olvidate del celular de vez en cuando
·   Has gimnasia mental; evita los bombardeos de comentarios e información

Un trabajo es sólo un medio de ganarse la vida. ¡Primero estás vos!


lunes, 27 de septiembre de 2010

"¡Odio a la gente...!"


“Quienes trabajan no se agotan porque trabajen mucho;
se agotan por culpa de la otra gente” 


(Littman & Hershon, 6)

La gente decepciona…


Los 10 Menos Deseados:

¿Quién no se ha sentido cansado de tener que lidiar con la gente? Todos, absolutamente todos, hemos querido ahorcar a alguna persona en particular en un periodo en específico. En la casa, en el trabajo, en el estudio... Pues bien, hace un tiempo mientras daba mi visita semanal a la librería me encontré un libro que se llama I Hate People! (“¡Odio a la gente!”), y como andaba en medio de una crisis de burn out, de esas en que no me soportaba ni a mí misma, lo compré de inmediato. Cuando llegué a la caja y pagué sentí un poco de pena, ¿qué iba a pensar el cajero, que era una antisocial depresiva y repulsiva que no se lleva con el resto de la humanidad? Claro que en dos segundos recordé que compraba el libro para terapiarme… y aunque no me resolvió la existencia, sí me ayudó a sentirme acompañada y a saber identificar ciertos patrones molestos. Aquí van en resumen (hay quiénes pueden ser ofensores múltiples, o sea que vienen en combo):
a. Los Obstáculos de Tropiezo: son aquellas personas que pretenden decirnos lo que debemos  o no debemos hacer, lo que pasará o no sucederá; y por eso detienen nuestra iniciativa y agotan nuestra energía en proyectos que toman tanto tiempo que se vuelven inútiles.
1.  El Cuadrado: No da chance para razonar, pues sólo sus puntos y razones son los más valiosos y maravillosos aún cuando distan mucho de ser brillantes. Como dijo Benjamín Franklin “Cualquier tonto puede criticar, condenar y quejarse –y la mayoría de tontos lo hace-”. Una de las estrategias para tratar con este tipo de necios es crear un consenso entre tus compañeros antes de tomar decisiones para evitar que se apruebe su gran idea.
2.  El Montado: el que se aprovecha de tus destrezas y te sobrecarga con todo tipo de tareas. Finge tomarte en cuenta para sus proyectos, pero en realidad cree que sos ingenuo. ¿Cómo enfrentarlo? Llenalo de preguntas. Pedile que te de un detalle por escrito de todo lo que ocupa (que incluya tiempo y requerimientos). Casi siempre es tan vago que preferirá buscar otra víctima.
3.  El Matón: Este tipo tratará de intimidarte tanto como pueda para poder pasarte por encima. Sorprendelo desprevenido y preguntale su opinión sobre un tema que tenga que ver con ambos. O decidite a confrontarlo de una vez. Esto le hará entender que vos comprendiste su punto y entonces retrocederá a buscar otra presa más fácil.
b. Los que te desvían: son manipuladores, habilidosos y sutiles. Son esos que se llevan tan bien con vos y que luego te sabotean.
4.  El simpático: su modus operandi busca ocultar el dolor. Se ríe a menudo, o al menos finge reírse (si sus cejas y párpados no se mueven al reírse, se trata de una sonrisa falsa). Con esta gente uno nunca sabe lo que quieren o lo que hacen. Su probable hipocresía no tiene una estrategia con qué enfrentarse, así que lo único que queda por hacer cuando no sabemos interpretar su sonrisa es preguntarle “¿De qué te estás riendo?”. Puede que no obtengamos respuesta, pero al menos lo habremos delatado.
5. Mentiroso, mentiroso: carece de confianza en sí mismo, y por eso trata de agradarle a los demás aunque sea a base de mentiras. Cuando se le encara, culpa a otra persona muy habilidosamente –o a las inconsistencias de la tecnología: “Nunca recibí ese correo” o “El servidor se dañó”. Pero el patrón no se limita a decir mentiras concretamente; también puede caracterizarse por tardar en responder, retener información, dar signos de ambivalencia, repetición o irresponsabilidad. Aquí, lo más recomendable es tratar de desenmascararlo poco a poco.
6.   El Puñal: es confuso y difícil de prever. A menudo lo podés confundir por amigo, sólo para luego darte cuenta de que te traiciona. Y no sólo de forma que te hace odiarlo, sino que hasta te puede hacer daño. Este puñal te puede destruir tu imagen, tu reputación, o tu ego. Puede hundir su navaja suave y lentamente a lo largo del tiempo, o simplemente clavártela de pronto. Lo único seguro es que no sabrás lo que es capaz de hacer, hasta que lo hace. Algunas pistas para dar con estos molestos personajes:
a) Aquél que se queja de todo y de todos, menos de vos que sos “su compañero”.
b)  El que te quiere serruchar el piso mientras estás de vacaciones.
c. Los Roba-Tiempo: ni quieren perjudicarte ni quieren aprovecharse de vos. No juegan sucio, pero por ellos se dice que “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. Los Roba-Tiempo te quitan tu posesión más valiosa poco a poco… porque no saben ayudarse a sí mismos.
7.  El ¿Tenés un minuto?: es súper peligroso porque te toma antes de que te des cuenta de que viene. Sólo ocupa un minutito de tu tiempo para que le ayudés a sacar una copia, a hacer una reservación, a configurar un documento… cualquier excusa es buena. A este es mejor asignarlo en una tarea aislada o reubicarlo en alguna posición más conveniente y acorde con sus habilidades. Podés contrarrestarlo si le decís que apenas tenés dos minutos para atenderlo, porque tenés otras cosas que hacer. Así no perderás tanto tiempo ni te ganarás enemigos. O pedile que en lugar de enviarte 159 correos al día, escriba uno sólo con todas las consultas que tiene que hacerte, así podés responderle todas en un solo correo y eficazmente.
8.  El Sábelo-Nada: es aquél que tiene mucha información sin trascendencia. Sabe muchos datos sobre cosas sin importancia, y te puede volver loco mientras hablan, y hablan, y hablan. Lo mejor es preguntarle por la fuente de su información; cuando se dé cuenta de que no tiene valor, se dará por vencido.
9.   El Controlador: es obsesivo; no delega. Puede creer que aporta orden y control, pero te saca de quicio y seca tu fuente de energía. ¿Por qué no tratás de hacerle creer que tu idea es en realidad su idea?
10. La mansa ovejita: evita tomar decisiones. No es que le cueste pensar; es que no quiere hacerlo, entonces te obliga a hacerlo por ellos. Pero aún así, te seguirá, así que hacelo sentir importante, especial y único, que esto lo motivará y afianzará su confianza en sí mismo.



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