Estudié Inglés y no soy profe: De cómo se transforma una profesión que se ama y que todos suelen encasillar



Fueron nueve años de estudio intenso… primero en una academia y luego en la universidad. Nueve años de amor puro y aprendizaje enriquecedor.

Y cuando terminé la U tenía un gran conocimiento conmigo y pocas oportunidades de hacer algo que no fuera enseñar. Yo no quería enseñar no porque no me gustase, al contrario, me encanta transmitir lo que sé y ver la cara de sorpresa cuando alguien comprende algo que no sabía o no dominaba antes. Yo no quería enseñar porque me frustraba la idea de estar frente a una clase donde no todos tendrían ese entusiasmo por lo que me apasiona. Pero la vida se encarga de ajustar nuestras habilidades y conocimientos mediante oportunidades misteriosas.



Comencé joven; a los doce, y entonces iba a clases cada sábado, así como otros can a clases de fut, de baile, de música. Así pasaron cinco años hasta que llegué a la U y por azares del destino continué estudiándolo a profundidad por cuatro años más. 

Primero fue la gramática y algo de conversación. Le siguieron la sintaxis, la retórica, la expresión, la literatura (con toda su narrativa, drama y poesí a), la comunicación intercultural y hasta la traducción. Todas esas materias y conocimiento me fascinaron. Y si bien uno podría pensar que con todo este bagaje lo más sencillo esta buscar trabajo dando clases, mi carrera era el Inglés puro, no la docencia, por eso no llevé nunca ninguna materia pedagógica (aunque hubiera sido útil aunque sea una introducción).

Con el Inglés aprendí que la gramática está tan llena de fórmulas como la matemática; que la literatura puede ser tan explicativa y reveladora como la sociología, la psicología y la historia; que la retórica -escrita o hablada- es un arte y una ciencia para comunicar y persuadir que manejamos mejor que los periodistas y los abogados. 


Entretenimiento y formación son dos grandes beneficios que el Inglés proporciona en nuestras vidas cuando se aprende bien

Con el Inglés aprendí a a tener más apertura con los demás para conocerlos mejor, a ver el mundo a través de diferentes lentes, a ordenar mis ideas para convencer con un argumento diferente y certero a personas que llevan mucho más camino y experiencia recorrida que yo. Aprendí a escudriñar en detalles, a sacar lo mejor de mi creatividad, a ver conexiones entre ficción y realidad, a identificar símbolos y metáforas e interpretarlos a través de objetos y acciones concretas. 

Años después y tras alguna experiencia en hotelería, estudié Relaciones Públicas, la carrera a la que hoy me dedico. Y si bien es la que hoy me da de comer, tengo claro que es la carrera complementaria en mi formación profesional, porque todo lo que sé de Comunicación lo aprendí en Inglés. TODO. No exagero. En RP encontré el campo para aplicar la estrategia, la creatividad, la diversidad, la investigación y el lenguaje, pero el cómo hacerlos lo aprendí estudiando y aprendiendo un idioma como segunda lengua. 

Hoy, cuando he tenido la oportunidad de sostener reuniones con clientes anglosajones, asistir a presentaciones en vivo con Dennis Wilcox (el teórico en Relaciones Públicas), Robin Sharma (un gurú del liderazgo), Chris Gardner (un ejemplo de vida y éxito empresarial) y Bill Clinton (sin necesidad de presentación), puedo asegurar que la inversión en tiempo y dinero en esa primera carrera ha pagado con creces, entre otras grandes satisfacciones que me ha dado el idioma.

Si alguien me pidiera un consejo de qué estudiar o cómo enriquecer su formación profesional, le diría que hiciera todo lo que pudiera por estudiar Inglés como segunda lengua (ESL) en un universidad. No sólo aprenderá un idioma; aprenderá a ser un profesional integral y multidimencional, algo que no todas las carreras pueden ofrecer.

El mío no es un caso aislado. Sé de amigos que diversificaron su vida profesional en otros ámbitos y les ha ido de maravilla, pues también supieron catapultar esa formación. Y sí, a ellos les pasa lo mismo: cada vez que alguien se da cuenta que estudiamos Inglés lo primero que preguntan es si damos clases. Pues bien, ahora nos toca a nosotros disipar un poco esa percepción de que el Inglés es meramente académico y demostrar que tiene un sin fin de ventajas profesionales, y cuidado no, también creativas.




Comentarios

  1. Qúe interesante, lo que ha escrito de mi idioma y como le ha afectado aunque resultó que no es su profesión oficial. Me interesa mucho la diferencia no sólo en la forma de hablar entre dos idiomas, pero también la diferencia en la forma de ver la vida, comprender situaciones. Creo que no es sólo la cultura, pero también el idioma en sí que contribua al ... "world view". Español no es mi primero idioma (obviamente), así que puedo expresarme mucho mejor en inglés, con matices de diferencia que no son posible para mí en español, pero a pesar de esto, aún hay cosas -- conceptos, palabras -- que no puedo expresar exactamente en inglés como puedo en español, y vice versa. Enseño ESL, y me encanta la gramática, como es mi especialidad. (Ojalá que tuviera la misma comprensión de la estructura de español como tengo en inglés, jeje. Quizás después de una o dos décadas más de vivir aquí. Tengo menos de cinco años de hablar español.) En todo caso, me gustó esta publicación; gracias por compartir sus pensamientos.

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    1. Mil gracias por tu comentario More. El inglés es lo que más me apasiona y espero regresar a él en algún momento. El valor cultural y World View que me ha dado son incalculables, como bien lo mencionás.
      Un abrazo y espero que sigamos en contacto por acá.

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