jueves, 14 de junio de 2012

Aunque muchos crean que es un cuento de hadas, ¡yo sí vivo en el país más feliz del mundo!

Nuevamente y por segunda vez consecutiva, Costa Rica es catalogado como el país más feliz del mundo por el Happy Planet Index de The New Economics Foundation, y nuevamente existen muchos costarricenses que rechazan los resultados del estudio.

Tal y como lo explica el periódico La Nación, "Este reporte mide tres cosas: el bienestar que los habitantes de una nación dicen tener, la esperanza de vida al nacer y la huella ecológica de una nación. Según el documento, los costarricenses le da una calificación de 7,3 a su vida, la esperanza de vida al nacer está en 79,3 años y la huella ecológica es de 2,5 g per cápita". (http://www.nacion.com/2012-06-14/AldeaGlobal/Costa-Rica-es-nuevamente-el-pais-mas-feliz-del-mundo--segun-indice--Happy-Planet-.aspa).




Claro que muchas personas argumentarán que estos parámetros no son suficientes, que dejan de lado otras consideraciones y que no cumplen con la expectativa individual, pero a mi criterio, esos parámetros salen sobrando cuando veo que la mayoría de nuestra población efectivamente es feliz o al menos vive satisfecha con las condiciones de sus vidas.

Está claro que la gran mayoría de costarricenses no vivimos el sueño americano, y que la felicidad no depende del poder adquisitivo ni de la influencia que podamos ejercer en otras personas, pero también debemos aclarar que la felicidad es ante todo una decisión y una filosofía de vida que elegimos cada día, independientemente de las condiciones que nos rodean.

Hace tiempo, yo decidí que, a pesar de las críticas, la corrupción y la intolerancia que nos rodea, no iba a vivir una vida de infelicidad y miseria debido a las acciones de otros. De hecho, soy feliz no sólo porque cuento con oportunidades de estudio y trabajo, opciones de consumo, familia con relaciones muy cercanas, amigos honestos y honrados y un mundo de naturaleza lleno de milagros y belleza; SOY FELIZ porque tengo la integridad de ser una mejor persona y profesional día con día, porque no me he dejado contaminar por la negatividad de quienes sólo pueden ver puntos negros o de quienes se dejan abrumar por las inclemencias del tiempo (entiéndase las condiciones socio-políticas que venimos arrastrando desde hace décadas). SOY FELIZ porque conservo la esperanza de que mi futuro será aún mejor que mi ahora, y sé que gracias a mi esfuerzo lograré que así sea. SOY FELIZ porque el conformismo no nació conmigo y no se ha acercado a mis alrededores, y eso ha marcado una gran diferencia entre lo que soy, lo que tengo y lo que hago.

Debo decir que yo sí vivo en el país más feliz del mundo. No porque me lo diga un estudio, sino porque yo decido que así es. Los inconvenientes, las indecisiones y las malas noticias no impedirán nunca que disfrute mi existencia o que alcance mi máximo potencial. Mi felicidad no es negociable ni dependiente de terceros.










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