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lunes, 6 de agosto de 2012

10 cosas que odio


Comienzo con algunas cosas que me molestan, aunque definitivamente hay más. Pronto señalaré algunas de las 10 cosas que amo también; hay que tener un justo balance.



  • #cosasqueodio 1: que los derechos humanos se hayan vuelto un cuento que muchos usan para justificar lo injustificable y hacer lo que les viene en gana.
  • #cosasqueodio 2: que porque muchos odien la religión y las faltas de algunos irresponsables, tenga que soportar sus comentarios soeces contra mi fe. No todos somos retrógradas, abusadores o ladrones...
  • #cosasqueodio 3: que una gran porción de la sociedad exija respeto y no lo dé. Tanto derecho tiene usted a tener su opinión como yo a tener la mía.
  • #cosasqueodio 4: que Costa Rica sea protagonista de un escándalo -vergonzoso o no- y algo no memorable tenga 15 segundos de fama en CNN, cuando gente que merece ser destacada por logros es ignorada, o peor si son personas con necesidades realmente especiales y vitales que deben ver cómo sobrevivir
  • #cosasqueodio 5: que aspiremos a vivir en una sociedad desarrollada con las mismas actitudes que nos mantienen como tercermundistas (crítica sin propuesta ni acción para avanzar, espera de respuestas y soluciones caídas del cielo, primadonnismo, arrogancia y sentido de superioridad, entre otras).
  • #cosasqueodio 6: que se le rinda pleitesía a quienes sólo buscan ser idolatrados.
  • #cosasqueodio 7: trend thinkers, o más bien “lame trend thinkers” que creen que son tan cool, modernos, progresistas y librepensadores por seguir corrientes sin informarse o comprender remotamente el tema en cuestión.
  • #cosasqueodio 8: gente que obstaculiza y entorpece el avance y el progreso, ya sea del país o simplemente que bloquea el paso en la calle.
  • #cosasqueodio 9: tener 79 canales de TV por cable (incluidos 10 locales y dos de monitoreo de programación y tránsito) y que menos de la mitad sean medianamente interesantes.
  • #cosasqueodio 10: tener que pagar por las “clases” casi autodidactas de un programa de licenciatura, que se supone enriquecería mi carrera profesional (igual hay que terminarlo, porque a brincos y a saltos obtengo algunos indicios de nuevos conocimientos, aunque luego tenga que ver cómo aclaro o profundizo). 



lunes, 1 de agosto de 2011

Ese spam propagandístico de la crítica costarricense


Escribo este blog contestatario porque ya me harté de oír tantas críticas hacia nuestra Presidenta y su Gobierno y a nuestra situación actual como país y como sociedad. Este definitivamente no es mi estilo. No es que no me queje; lo hago y a menudo, pero lo hago sobre aquellas cosas que verdaderamente me provocan malestar y no sólo por seguir la corriente de lo que algunos quieren que piense.
Así como muchas personas se quejan de los mensajes comerciales a los celulares, de las llamadas de las emisoras de tarjetas de crédito y de las portadas y titulares de un conocido diario nacional, yo hoy me quejo de ese spam tan molesto y mediocre que es la frase banal de “este gobierno no tiene rumbo, no hay liderazgo y las instituciones del Estado no sirven para nada”. Honestamente estoy harta de la cultura del “pobrecito”, de la victimización, de que la culpa la tengan otros, de que critiquemos y critiquemos y critiquemos, y no veamos nuestros propios errores.
Yo, particularmente, estoy cansada de que en este país la gente tire la piedra y esconda la mano; de que queramos seguir viviendo en un Estado paternalista que resuelva todo y nos sirva las soluciones en bandeja de plata (y si se puede en una de oro, mejor); de una sociedad que critica y no propone... De una mentalidad propagandística, fatalista y acomodaticia. ¿Hasta cuándo podremos sobrevivir con esta mediocridad?
Queremos justicia social en tanto no nos toquen nuestro bolsillo (¿Impuestos? ¿Para qué?), abogamos por penas más duras y castigos más altos a los borrachos al volante que acaban con vidas de personas tranquilas, pero alabamos la cultura del güaro y nos olvidamos del chofer designado. Porque claro está, el borracho siempre es el otro… nunca yo. Queremos austeridad y control en las entidades estatales, pero en casa hasta el chiquito de 12, 10 u 8 años debe tener un teléfono celular (ojalá smartphone, pues es preferible que no maneje el 75% de sus capacidades a que el “pobrecito” sea el único sin teléfono en su clase de la escuela). Queremos que los homicidas tengan su merecido, pero nos ahorcamos solitos promoviendo derechos humanos para todos cuando algunos verdaderamente no los merecen (¿o es que el psicópata violador y asesino de niñas merece vivir en una celda por el resto de sus días en vez de ser torturado hasta que suplique por su propia existencia? ¿No les parece demasiado lujo?).
Queremos mejores empleos y mejores oportunidades, pero en desde el primer grado de la escuela hasta el undécimo de colegio los estudiantes prefieren estar recitando y aprendiendo el verbo “To Be” por once años antes que aprendérselo, porque qué pereza. Y aprender reglas de ortografía y algunas fórmulas de matemática es visto como algo aburrido o difícil, pero cuando se presenta la oportunidad de trabajar en una empresa lo mejor es quedar en ridículo ante las oficinas internacionales, “porque no me acuerdo de lo que me enseñaron en el cole”.
Queremos personas capacitadas en la Asamblea Legislativa, pero nos interesamos por los candidatos hasta que estamos en las urnas electorales y debemos marcar esa papeleta con una equis. Despotricamos contra el Poder Ejecutivo lo que debiera hacer el Legislativo (ni sabemos qué responsabilidades le corresponden a quién). Queremos liderazgo pero no tenemos ideales. Porque señores, ni mi generación ni la anterior conoce lo que es una persona con rasgos de auténtico líder, ni político, ni deportivo, ni artístico. Líder es quien con sus acciones logra seguidores que repliquen sus intenciones, no quien debe poner orden autoritariamente.
Y yo pregunto, ¿es achacable el 100% de la culpa a este gobierno de año y dos meses por todas las angustias y penas que vivimos hoy? Aquí se hace huelga porque se quiebra un lápiz, se pierden suministros, recursos, tiempo y oportunidades en muchos campos (comencemos por nuestras casas y oficinas). La mentalidad de "eso no me toca a mí" y "mejor no me meto en eso" es lo que nos tiene en la crisis social en que estamos. El miedo a hacer lo correcto, o al menos a hacer algo, es el verdadero culpable. Otros -desde hace años- dejaron pasar errores y horrores en las instituciones y ministerios del Estado y ahora que revientan es muy fácil culpar a quien esté a cargo.
Es muy fácil venir a quejarse hoy, después de que varias generaciones hemos disfrutado las mieles del Estado proteccionista y paternalista que nos heredaron los próceres de la Patria. Hoy, es más fácil echarle la culpa a otro que sacar un tiempito para ver cómo podemos aportar una idea que pueda contribuir a alejarnos del precipicio. Hoy, a pesar de tantas oportunidades y recursos disponibles, preferimos seguir viviendo en la Costa Rica sedentaria y pasivo agresiva –nunca pacífica- donde somos mejores que el resto de Centro América y mejores que nuestros propios gobernantes.
Todo lo que quiero decir es que el rumbo del país no está sólo en manos del gobierno, eso sería seguir viviendo con mentalidad paternalista en la era de la globalización. Aquí y ahora, la pregunta es ¿qué hace cada uno para cambiar el rumbo en el que estamos? O mejor, ¿qué hago yo para que el futuro sea mejor que el presente?  Esa es una simple pregunta que aporta y edifica más que la hiriente piedra que lanzamos. Ya basta de comentarios propagandísticos y epidémicos; la vacuna está en cada una de nuestras manos.
Perdónenme si escribí con el hígado, pero ya no puedo ocultar más mi malestar.




 

miércoles, 20 de julio de 2011

Cambiando el mundo una sonrisa a la vez

Ahora que los tiempos son tan convulsos y vemos sangre por todos lados, oímos golpes y gritos a escasos metros, y el ambiente huele a putrefacción cada kilómetro, me he puesto a pensar un poco en lo necesario que es marcar una diferencia del y en el resto de la sociedad.
Casi todos los días en algún lugar nos recomiendan ser agentes de cambio y de influencia, pero suponemos que para lograrlo debemos ser genios –o magnates- para aportar soluciones que nos saquen del tercermundismo, o ser megaconocidos para lograr transformar el comportamiento de un grupo significativo de personas. Pero lo cierto del caso es que no se necesita más que voluntad para aportarle algo diferente al mundo.
Con pocas y sencillas acciones podemos detonar cambios de actitudes en cuestión de segundos, o cambiarle el día a alguien, o hasta hacer memorable un segundo que agonizaba en el olvido. Tan sólo debemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer para combatir la indiferencia? ¿Cómo me alejo de tanta irrelevancia?
Estas son preguntas que todos deberíamos hacernos a diario si verdaderamente nos importa nuestro futuro y si tenemos suficiente respeto por nuestra propia dignidad. Les aseguro que si logramos responderla al final del día, estaremos demostrando que podemos marcar un cambio en nuestra actitud y en la de quienes rodean. Sin embargo, nuestras respuestas requieren que asumamos un compromiso personal hacia adentro y hacia fuera de nosotros mismos.
Por eso decidí formalizar mi compromiso con la humanidad; hoy, aquí, ahora. En este momento me comprometo a dar lo mejor de mí como persona. Mi compromiso es ser feliz y hacer que los demás sonrían al menos una vez al día. Lo hago porque creo infinitamente en el poder de la risa y la sonrisa. No es que haya decidido ser comediante, aunque muchas veces pareciera que me tomo la vida como si fuera un chiste. Lo que pasa es que -a fin de cuentas- la felicidad es un estado mental precedido por una decisión, y yo decido que a pesar de toda la negatividad que nos envuelve, es mi responsabilidad sentirme bien y esforzarme por contagiar de buena vibra a quienes estén a mi lado aunque sea por unos breves minutos. Que sonrían por una broma, por una mueca, por un saludo, por un gesto, por un abrazo… por lo que sea, pero que sonrían, pues la sonrisa es un ejercicio para el rostro, para el cuerpo y para el espíritu.
También estoy comprometida con el optimismo y lo he adoptado como estilo de vida. Confío en las buenas intenciones y sé que las actitudes positivas pueden convertirse en una epidemia beneficiosa si tratamos de difundirlas con ahínco. Creo que una pequeña acción -como una sonrisa- puede iniciar un efecto dominó que a su vez provoque efectos colaterales positivos en nuestra gente. Aparte, no cuesta nada y podemos lograr cambios significativos.
Nuestro mundo se está reduciendo a un hábitat sin armonía ni humanidad. Vivimos en una incesante y paradójica aceleración monótona que nos envuelve día a día, y perdemos de vista el horizonte. Nuestras prioridades se disfrazan de importancia y urgencia y en realidad no son más que irrelevancias. Así que los invito a que hagamos un fugaz monitoreo de nuestra existencia y examinemos qué podemos hacer diariamente para rescatar nuestra dignidad y para evitar una “vida” en depresión crónica. Vale la pena el intento.






martes, 19 de julio de 2011

A propósito de nuestra sociedad putrefacta

Para quienes desean un análisis gráfico, instantáneo y magistral de nuestro entorno social, aqui les dejo una colaboración de mi querida amiga Nadia =D.

¡Disfrútenlo y medítenlo!


Quino y la actual educación familiar


Quino, el caricaturista argentino autor de Mafalda,
desilusionado con el rumbo que está tomando el mundo
en cuanto a valores y educación,
expresó su sentimiento al respecto.

La genialidad del artista produce una de las mejores criticas
sobre la educación de los hijos en los tiempos actuales.







sábado, 13 de noviembre de 2010

La Mujer que lo Tiene Todo

En el blog anterior quise compartirles el Monólogo de una Mujer Moderna, una crítica bastante sarcástica, irónica y real de nuestra condición como mujeres liberadas. Pues bien, para dar un poco de continuidad al tema y no dejarlo solamente como una frustración sin tratamiento, hoy quiero comentar un poco un texto que se llama “La Mujer que lo Tiene Todo”, de Marcus Buckingham, y al que llegué luego de ver una serie de podcasts en Oprah.
Dice la periodista mexicana Adela Micha que en hoy día las mujeres debemos tenerlo todo: profesión, pareja, familia, hijos, imagen, éxito, etcétera, etcétera, etcétera. Todo gracias a la liberación femenina que inició hace unas décadas. Y esa búsqueda por obtenerlo todo y más nos está sacando de quicio y nos desgasta hasta hacernos sentir miserables. Por su parte, el inglés experto en temas laborales y de crecimiento personal explica que tenerlo todo NO significa tener todo lo que deseamos, a la misma vez, y todo el tiempo, sino darnos importancia a nosotras mismas, y así tener la satisfacción necesaria para encontrar el propósito en nuestra propia vida, y lograr cumplir nuestro rol como seres humanos (incluso propone realizar un test en línea para conocerlo en http://www.unamejorvidatest.com/). Y entonces es común que a partir de cierta edad, y luego de diferentes experiencias, empecemos a cuestionarnos si nos hemos preocupado por ser quienes queríamos ser, si logramos mantenernos como pensábamos, y si seremos capaces de ser felices y satisfechas a lo largo de lo queda de nuestra existencia. Claro, a menudo nos hayamos en una encrucijada donde descubrimos que aquello que teníamos o que anhelábamos simplemente se esfumó, aún sin saber por qué.
Marcus Buckingham en la sesión realizada
a 30 mujeres en el programa de Oprah
Así, la pregunta central es “¿Qué debemos cambiar cuando nuestro propósito se ha perdido?” En primera instancia, Buckingham dice que para realizar ese cambio requerimos de dos cosas: primero, FE para creer en él, y segundo VALOR para hacerlo posible. Y consolidar la fe y el valor se logra sólo si volcamos nuestra visión hacia nuestras propias fortalezas.
Resulta entonces que debemos entender que las fortalezas son aquellas cosas que nos fortalecen, que nos hacen sentir completas e importantes, aquello de lo cual tenemos completo dominio y control, y no necesariamente aquellas cosas que hacemos bien y que los demás nos dicen que somos buenísimas haciendo –porque a fin de cuentas, los demás sólo creen conocernos suficiente, pero la realidad es que sólo nosotras nos conocemos realmente bien, y sabemos cuáles son nuestras capacidades-. (Para empezar a trabajar en esto preguntate; ¿Conozco mis fortalezas? ¿Las aplico?) Por otra parte, según el experto, las debilidades –por redundante que suene- son aquellas cosas o acciones que me debilitan, no son las áreas en las que requiero mejora.
Otro punto que nos causa insatisfacción, aparte de no reconocer nuestras fortalezas, es la cantidad de elecciones que debemos hacer (qué papel cumplo, hago lo que me hace feliz, lo que me gusta o lo que me deja dinero, por ejemplo). Encaramos una amplia variedad de elecciones, y esto se convierte en un largo proceso de selección por la perfección, decidiendo qué hacemos, y luego dudando porqué lo hicimos, entonces surge la insatisfacción por la culpa o el remordimiento ante las alternativas tomadas y dejadas. Y no es que el tiempo no alcance para realizar todas nuestras decisiones; es que dividimos nuestra atención entre un sinfín de opciones a la vez. No nos especializamos en ser la persona que queremos ser, sino que nos entregamos en ser el ente multitarea para los demás.
Nota curiosa para Quien Quiere Ser Millonario: el nivel funcional de inteligencia de una persona baja 10 puntos cuando hace varias cosas a la vez, lo que equivale a perder una noche de sueño. Pero no sólo eso, sino que nos afecta también en la acumulación de grasa en el cuerpo. “Hacer más cosas en menos tiempo hace que trabajemos más despacio” ya que al tener más estrés hay mayor producción de cortisona y adrenalina, y a menudo la cortisona se aloja en el abdomen. Así que a priorizar intereses y esfuerzos.
A manera de conclusión, he seleccionado cinco postulados de los muchos que plantea Buckingham para nuestra reflexión y para que nos motiven a realizar los ajustes necesarios para lograr vivir la vida que queremos y tener todo lo que merecemos y deseamos:
  • Una vida plena no es lo que haces; es lo que sientes.
  • La plenitud tiene que ver con crecimiento y aprendizaje (sino te estancas).
  • No se trata de vivir el momento, sino de buscar el momento que nos haga sentir plenas.
  • Hay que darle importancia a los detalles, pues son intensos (y la intensidad es sinónimo de plenitud).
  • Hay que permitirse sentirse cansada, pero nunca abrumada y vacía.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Monólogo de una Mujer Moderna

Hoy quiero reproducir este texto, que me llegó al correo hace ya un par de meses, pero que tiene vigencia eterna. Es una posición en la que a menudo yo misma me encuentro, y en la que hemos coincidido entre varias mujeres, amigas, compañeras, familiares…
Se dice que en alguna ocasión Adela Micha leyó esta puesta al aire. No sé si será cierto o no que lo leyó, tampoco si fue ella quien lo redactó, pero es tan cierto y concreto,  y tan liberador, que tengo que postearlo. A lo mejor ya lo han leído, o quizás no, en todo caso, ¡disfrútenlo!
PD: le agregué unas imágenes de Maitena para concretizar el estado.

MONÓLOGO DE UNA MUJER MODERNA

Son las 6:00 am., el despertador no para de sonar y no tengo fuerzas ni para tirarlo contra la pared, estoy acabada, quiero quedarme en casa, cocinando, escuchando música, cantando, etc. Si tuviera un perro, lo pasearía por los alrededores. Todo, menos salir de casa, meter primera y tener que poner el cerebro a funcionar.
Me gustaría saber quién fue la bruja imbécil, la matriz de las feministas, que tuvo la  grandiosa idea de reivindicar los derechos de la mujer, y por qué hizo eso con nosotras, que nacimos después de ella.
Estaba todo tan bien en el tiempo de nuestras abuelas: ellas se pasaban todo el día bordando, intercambiando recetas con sus amigas, decorando la casa, podando árboles, plantando flores, recogiendo legumbres de las huertas y educando a sus hijos. La vida era un gran curso de artesanos, medicina alternativa y cocina.
Y después se puso mejor; teníamos servidumbre, llego el teléfono, las  telenovelas, la píldora, la tarjeta de crédito,¡¡¡ahora el Internet!!
¡¡¡Cuántas horas de paz!!!
Hasta que vino una pendejita, a la que por lo visto no le gustaba el corpiño, ni dedicarse al hogar, vino a contaminar a varias otras rebeldes inconsecuentes con ideas raras sobre 'vamos a conquistar nuestro espacio'. ¡¡¡Qué espacio ni qué la chingada!!!
¡¡¡Si ya teníamos la casa entera!!! ¡¡¡Todo el barrio era nuestro, el mundo a nuestros pies!!!  Teníamos el dominio completo sobre los hombres; ellos dependían de nosotras para comer, vestirse... y ahora... ¿Dónde carajos están, dónde?
Acabamos muertas, ni hacer el amor queremos, nos  duele la cabeza, argumentamos mil tarugadas por cansancio...
Nuestro espacio... ahora ellos están confundidos, no saben qué papel desempeñan en la sociedad, huyen de nosotras, como el diablo de la cruz, les damos miedo, tanta pinche independencia acabo por hacerlos huir o en el peor de los casos ya no saben que ellos mantenían la casa y nosotras terminamos  por mantenernos... ¡¡¡pues claroooo!!!
Ese chistecito, acabó llenándonos de deberes, y lo peor de todo, ¡¡¡acabó lanzándonos dentro del calabozo de la soltería crónica aguda!!!
Antiguamente los casamientos duraban para siempre. ¡¡¡Y ahora si te divorcias hasta hay que mantenerlos a los @#%&&&"#!!!
¿Por qué, díganme por qué, la liberación femenina????...que sólo necesitaba ser frágil y dejarse guiar por la vida, comenzó a competir con los machos...
Miren el tamaño del bíceps de ellos y miren el tamaño del nuestro. Estaba muy claro, cada quien en su sitio desde Adán y Eva....liberación femenina...esto no iba a terminar bien, ¡¡¡claro que no!!!
No aguanto más ser obligada al ritual diario de estar flaca como una escoba, pero con bubis y trasero durito y bien parado, para lo cual tengo que matarme en el gimnasio, además de morirme de hambre, ponerme hidratantes, antiarrugas, padecer complejo de radiador viejo tomando agua a todas horas, y demás armas para no caer vencida por la vejez, maquillarme impecablemente cada mañana desde la frente al escote, tener el pelo impecable y no atrasarme con las mechas, que las canas son peor que la lepra; elegir bien la ropa, los zapatos y los accesorios, no sea que no esté presentable para esa reunión de trabajo, tener que resolver la mitad de las cosas por el celular, instalarme todo el día frente al PC trabajando como una esclava (moderna, claro está), con un teléfono en el oído y resolviendo problemas uno detrás de otro, que además ni son mis pinches problemas!!!
Todo para salir con los ojos rojos (por el monitor, claro, porque para llorar de amor, ni tiempo hay), ¡¡¡y mira que teníamos todo resuelto!!!
Estamos pagando el precio por estar siempre en forma, sin estrías, depiladas, sonrientes, perfumadas, uñas perfectas, sin hablar del  currículum impecable, lleno de diplomas, doctorados y especialidades.
Nos volvimos 'súper mujeres’. ¡¡¡Pero seguimos ganando menos que ellos y de todos modos nos dan órdenes estos cabrones!!
¿¿¡¡¡QUÉ PASAAAAAA!!!??     ¡¡¡YA BASTAA!!!
Quiero que alguien me abra la puerta para que pueda pasar, que corra la silla cuando me voy a sentar, que me mande flores, que me dé serenatas en la ventana. Si nosotras ya sabíamos que teníamos un cerebro y que lo podíamos usar. ¿¿Para quééééé había que demostrárselo a ellos, a ver para quééééé??
Ay, Dios mío, son las 6:30 am y tengo que levantarme... ¡que fría está esta solitaria y grandísima cama!... carajos!!!!... quiero que un maridito llegue del trabajo, que se siente en el sofá, que disfrutemos de una cena juntos, que me haga el amor muy rico, que me haga sentir mujer.... porque descubrí que es mucho mejor servirle una cena casera que atragantarme con un sándwich y una coca-cola light mientras termino el trabajo que me traje a casa, para variar.
No, mis queridas colegas, inteligentes, realizadas, liberadas... y... ¡¡¡abandonadas!!!!   Estoy hablando muy seriamente... Renuncio a  mi puesto de mujer moderna.

¿ALGUIEN MÁS SE SUMA...???????


lunes, 4 de octubre de 2010

El Arte del Mínimo Esfuerzo

La primera vez que oí esta frase quedé cautivada. Siempre que hablamos del mínimo esfuerzo lo hacemos de manera despectiva y recriminatoria, así que verla escrita en un libro me hizo considerar que el mínimo esfuerzo no es forzosamente algo negativo, sino algo que requiere gracia y garbo, y que nos puede llevar a alcanzar la tranquilidad al dejar de lado tanto lastre que se nos acumula alrededor.

“Hacer mucho no conduce automáticamente a tener mucho éxito o muchos ingresos. Al contrario.
Llega un punto en el que hacer cada vez más
nos reporta cada vez menos.”
Barbara Berckhan
Es un hecho que la plaga de nuestros días es el estrés; ese padecimiento que nos quita la tranquilidad cuando vemos que aumentan nuestras adicciones, tenemos problemas de insomnio, poca o nula comprensión a los demás, y una gran falta de atención. Todo esto nos merma la capacidad de disfrute de las actividades que desarrollamos durante el día; pero no debería ser así. Está en nosotros mismos evitar consumirnos por factores externos que casi siempre no tienen mayor importancia.
¿Cómo logro entonces quitarme de encima las “obligaciones” sin desgastarme tanto?
He aquí algunos consejos:
1. No te ahogués en tareas poco importantes que parecen inofensivas pero que generalmente vienen en manada, y terminas diciéndote “que no me olvide de…, tengo que pensar en…”. Este tipo de tareas que te inoportunan diariamente, especialmente en tu cabeza. Así que no te impongás demasiadas cargas, seleccioná cuáles asumir y cuales tirar, resolvelas sin complicarte, agrupalas para evitar duplicaciones y retrasos.
2. Liberate de los ladrones de energía. Reconocelos. Son los que te quitan el tiempo por que pensás mucho en ellos, te confunden, te enojan y te deprimen, y a menudo son historias que se repiten sin resultados o finales concretos. Tomá una decisión clara de lo que querés que cambié, decíselo a quien esté involucrado y evitá que se repita.
Alejate de
a.  rumores y chismes. No los escuchés.
b.  fanfarrones y pajosos. Limitales su tiempo de acción. Entre más interactúen contigo, más oportunidad les das de robarte la energía.
c.  apresurados y ajetreados. Todo es urgente, no? Si lo urgente verdaderamente no es tu problema, dejá que otros se encarguen de ello.
d.  historias interminables de problemas y miserias. Todos tenemos problemas, y es una pena que algunos tengan que enfrentar cosas realmente difíciles, pero tratá de no involucrarte más allá de lo que podás soportar.
3.  Ponete en primer lugar. En lugar de abarcar todo de una vez, distribuí el trabajo por tareas, objetivos, tiempo, encargados, etc.
4.  Quedate sentado(a) y aguantá. Si hay un desastre y nadie actúa es porque todos esperan que lo hagás vos. No tenés que resolverlo todo, así que deberás aprender a que queden cosas sin terminar.
5. Por cada obligación que asumas, dejá una de lado. Delegá trabajos desagradables.
6.  No te quejés porque estás agobiado de trabajo. Los demás velan por sus propios intereses y la verdad, por más que duela, es que no saldrán a ayudarte.
7.  Recordá que la fatiga no es una virtud.
8. Ganá dinero con tus talentos. La vida resulta realmente agotadora si constantemente debes hacer cosas que no van con vos. Trabajá con tus habilidades.
9.  Dedicale más a lo que te satisface, y aprovechá todo lo que suponga un desahogo.
10. Apuntá a la diana. Concentrate en lo que realmente importa, y descubrí el valor de los que hacés (porqué y para qué te piden que lo hagas). Prescindí de lo innecesario.
Finalmente, recordá que la constancia proviene de los descansos. Sin descanso no hay ritmo, así que empezá a considerar dejarte llevar por la pereza:
·   Establecé horarios para no estar localizable; establece distancias
·   Buscá un lugar para relajarte
·   Olvidate del celular de vez en cuando
·   Has gimnasia mental; evita los bombardeos de comentarios e información

Un trabajo es sólo un medio de ganarse la vida. ¡Primero estás vos!


lunes, 27 de septiembre de 2010

"¡Odio a la gente...!"


“Quienes trabajan no se agotan porque trabajen mucho;
se agotan por culpa de la otra gente” 


(Littman & Hershon, 6)

La gente decepciona…


Los 10 Menos Deseados:

¿Quién no se ha sentido cansado de tener que lidiar con la gente? Todos, absolutamente todos, hemos querido ahorcar a alguna persona en particular en un periodo en específico. En la casa, en el trabajo, en el estudio... Pues bien, hace un tiempo mientras daba mi visita semanal a la librería me encontré un libro que se llama I Hate People! (“¡Odio a la gente!”), y como andaba en medio de una crisis de burn out, de esas en que no me soportaba ni a mí misma, lo compré de inmediato. Cuando llegué a la caja y pagué sentí un poco de pena, ¿qué iba a pensar el cajero, que era una antisocial depresiva y repulsiva que no se lleva con el resto de la humanidad? Claro que en dos segundos recordé que compraba el libro para terapiarme… y aunque no me resolvió la existencia, sí me ayudó a sentirme acompañada y a saber identificar ciertos patrones molestos. Aquí van en resumen (hay quiénes pueden ser ofensores múltiples, o sea que vienen en combo):
a. Los Obstáculos de Tropiezo: son aquellas personas que pretenden decirnos lo que debemos  o no debemos hacer, lo que pasará o no sucederá; y por eso detienen nuestra iniciativa y agotan nuestra energía en proyectos que toman tanto tiempo que se vuelven inútiles.
1.  El Cuadrado: No da chance para razonar, pues sólo sus puntos y razones son los más valiosos y maravillosos aún cuando distan mucho de ser brillantes. Como dijo Benjamín Franklin “Cualquier tonto puede criticar, condenar y quejarse –y la mayoría de tontos lo hace-”. Una de las estrategias para tratar con este tipo de necios es crear un consenso entre tus compañeros antes de tomar decisiones para evitar que se apruebe su gran idea.
2.  El Montado: el que se aprovecha de tus destrezas y te sobrecarga con todo tipo de tareas. Finge tomarte en cuenta para sus proyectos, pero en realidad cree que sos ingenuo. ¿Cómo enfrentarlo? Llenalo de preguntas. Pedile que te de un detalle por escrito de todo lo que ocupa (que incluya tiempo y requerimientos). Casi siempre es tan vago que preferirá buscar otra víctima.
3.  El Matón: Este tipo tratará de intimidarte tanto como pueda para poder pasarte por encima. Sorprendelo desprevenido y preguntale su opinión sobre un tema que tenga que ver con ambos. O decidite a confrontarlo de una vez. Esto le hará entender que vos comprendiste su punto y entonces retrocederá a buscar otra presa más fácil.
b. Los que te desvían: son manipuladores, habilidosos y sutiles. Son esos que se llevan tan bien con vos y que luego te sabotean.
4.  El simpático: su modus operandi busca ocultar el dolor. Se ríe a menudo, o al menos finge reírse (si sus cejas y párpados no se mueven al reírse, se trata de una sonrisa falsa). Con esta gente uno nunca sabe lo que quieren o lo que hacen. Su probable hipocresía no tiene una estrategia con qué enfrentarse, así que lo único que queda por hacer cuando no sabemos interpretar su sonrisa es preguntarle “¿De qué te estás riendo?”. Puede que no obtengamos respuesta, pero al menos lo habremos delatado.
5. Mentiroso, mentiroso: carece de confianza en sí mismo, y por eso trata de agradarle a los demás aunque sea a base de mentiras. Cuando se le encara, culpa a otra persona muy habilidosamente –o a las inconsistencias de la tecnología: “Nunca recibí ese correo” o “El servidor se dañó”. Pero el patrón no se limita a decir mentiras concretamente; también puede caracterizarse por tardar en responder, retener información, dar signos de ambivalencia, repetición o irresponsabilidad. Aquí, lo más recomendable es tratar de desenmascararlo poco a poco.
6.   El Puñal: es confuso y difícil de prever. A menudo lo podés confundir por amigo, sólo para luego darte cuenta de que te traiciona. Y no sólo de forma que te hace odiarlo, sino que hasta te puede hacer daño. Este puñal te puede destruir tu imagen, tu reputación, o tu ego. Puede hundir su navaja suave y lentamente a lo largo del tiempo, o simplemente clavártela de pronto. Lo único seguro es que no sabrás lo que es capaz de hacer, hasta que lo hace. Algunas pistas para dar con estos molestos personajes:
a) Aquél que se queja de todo y de todos, menos de vos que sos “su compañero”.
b)  El que te quiere serruchar el piso mientras estás de vacaciones.
c. Los Roba-Tiempo: ni quieren perjudicarte ni quieren aprovecharse de vos. No juegan sucio, pero por ellos se dice que “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. Los Roba-Tiempo te quitan tu posesión más valiosa poco a poco… porque no saben ayudarse a sí mismos.
7.  El ¿Tenés un minuto?: es súper peligroso porque te toma antes de que te des cuenta de que viene. Sólo ocupa un minutito de tu tiempo para que le ayudés a sacar una copia, a hacer una reservación, a configurar un documento… cualquier excusa es buena. A este es mejor asignarlo en una tarea aislada o reubicarlo en alguna posición más conveniente y acorde con sus habilidades. Podés contrarrestarlo si le decís que apenas tenés dos minutos para atenderlo, porque tenés otras cosas que hacer. Así no perderás tanto tiempo ni te ganarás enemigos. O pedile que en lugar de enviarte 159 correos al día, escriba uno sólo con todas las consultas que tiene que hacerte, así podés responderle todas en un solo correo y eficazmente.
8.  El Sábelo-Nada: es aquél que tiene mucha información sin trascendencia. Sabe muchos datos sobre cosas sin importancia, y te puede volver loco mientras hablan, y hablan, y hablan. Lo mejor es preguntarle por la fuente de su información; cuando se dé cuenta de que no tiene valor, se dará por vencido.
9.   El Controlador: es obsesivo; no delega. Puede creer que aporta orden y control, pero te saca de quicio y seca tu fuente de energía. ¿Por qué no tratás de hacerle creer que tu idea es en realidad su idea?
10. La mansa ovejita: evita tomar decisiones. No es que le cueste pensar; es que no quiere hacerlo, entonces te obliga a hacerlo por ellos. Pero aún así, te seguirá, así que hacelo sentir importante, especial y único, que esto lo motivará y afianzará su confianza en sí mismo.



¿A cuántos identificaste?






El Vuelo en Solitario

Aunque la tendencia mundial se inclina a hablar del trabajo en equipo, no se puede ignorar la importancia del brillo individual. Cada uno de nosotros constituye una marca individual y extraordinaria, en la que se integra una conexión entre el esfuerzo individual y el logro. A partir de ahí, debemos reconocer que somos nosotros mismos quienes podemos marcar la diferencia justo donde estamos; por nuestras características, no por ser uno más del grupo.
El Solista no es una persona antisocial, solitaria o disidente. Por el contrario, encaja sutilmente dentro de un grupo, pero generalmente juega en él con un expertise de líder o especialista, y se superará cuando pueda trabajar solo. ¿Pero cuál es la razón del éxito de las individualidades? Muy simple; entre más gente se involucre en un problema, menos serán los que aporten la solución. Así que entre menos personas involucradas, se darán mejores soluciones, o al menos mejor enfocadas.
El mundo del Solista está lleno de ideas que toman tiempo y espacio, pero que al mismo tiempo le permiten jugar con ellas, expandirlas, y concretarlas. Por eso es que el ser solista nace desde adentro. ¡Creé en tu propio potencial y verás en el poder de tu creatividad!

Algunos Principios del Solista
  1. Separarse del grupo no es negarse al grupo (todos ocupamos una espacio aparte).
  2. Lograr el éxito no siempre me hará popular (de hecho a menudo me traerá enemigos y me rodeará de envidiosos).
  3. La creatividad no se ajusta a una hoja de cálculo.
  4. Un genio no se apega a un reloj.
  5. "Yo también importo".

Identificá las interferencias
W. Edwards Deming, el padre de la mejora continua, explica que “el trabajador americano promedio tiene cincuenta interrupciones al día, y de las cuales el 70% no tiene nada que ver con el trabajo”. Estos distractores vienen desde E-mails (del tipo basura, sin contenido, con necedades, material no trascendente, etc.), gente adicta a la tecnología que trata de conseguirte por todos los medios, hasta la gente 24/7  -los que no se apagan ni tienen vida, y no te dejan tener vida-.
Combatí esta interferencia a través del método DRN: Delega, Retrasa, Niega. Delega alguna tarea menor a una persona de confianza; retrasa la entrega del pedido o la solicitud con una expectativa de respuesta ("haré lo posible por tenerlo para el martes"); y finalmente simplemente decí “No” –no tiene nada malo y es directo, claro y conciso. Claro, hacelo con delicadeza-.
Estas tácticas te ayudarán a mantener la cordura durante el día.

Otros distractores (o más bien actitudes y comportamientos roba-energías)
Creo que todos hemos sido víctimas de:
  • La falta de respuesta -aquí se incluye la pseudo-respuesta (“Te entiendo”); la no-respuesta cortés de no aparecer, no contestar (“En este momento no se encuentra”, “Voy para una reunión”); la que parece que te están ayudando, pero todavía no te dan el sí (“Estoy averiguando”), y las que no te dicen nada (“Lo veré apenas pueda”).
  • Los que hablan demasiado fuerte.
  • Los tonos de llamada ridículos y molestos.
  • Hablar por el speaker (aparte de molesto, es de muy mala educación por cierto).
  • La falta de cortesía y normas de urbanidad.
  • La falta de higiene de los demás.
  • Las quejas constantes.
  • Los desórdenes y la falta de limpieza.
  • La gente que “se quita el tiro” –evade- una tarea.
  • Cantar durante las horas de trabajo.
  • Caminar con pasos pesados o arrastrados.
  • Los movimientos constantes de manos y los tics.
Y por si eso no fuera poco, aún hay más tipos de gente que puede crisparte la piel diariamente:
  • El que nunca está preparado (no lleva lapicero, no lee memos, etc.).
  • El muerto de hambre (come mucho y a toda hora).
  • El mal comediante.
  • La hiena (se ríe de todo y por nada).
  • El que no se calla (pasa hablando todo el tiempo).
  • El cleptómano (se deja todo lo que pide prestado).
  • El chismoso.
  • El acosador y machista.
  • El "invade espacios".
  • El experto en efectos de sonido (hace ruido con lo tenga en sus manos o a su alcance).
  • El que anuncia todo lo que hace (“Voy al baño", "voy por agua", etc.).

El escape
Por todas estas y muchas otras razones, es que sentimos que la convivencia diaria se nos vuelve como una camisa de fuerza, y necesitamos desesperadamente de una terapia de liberación. Es cansado, desgastante y tedioso tener que lidiar con estas conductas. Así que debemos buscar nuestra cueva; identificar el refugio donde podemos alimentar nuestra creatividad y productividad. Este es el lugar donde nos sentimos a gusto y adonde podemos ir en nuestro tiempo libre a recargar energías.
También podemos optar por viajar a nuestra propia isla paradisiaca, que no es más que aquél hobby, pasión o actividad que nos llena de inspiración y relajación. Por sencillo y corto que sea ese pasatiempo, debe ser liberador, y debe ser una razón que nos haga sentir vivos.

Y para complementar este resumen, los invito a ver este video de Susan Cain, autora de "Quiet, The Power of Introverts", quien concuerda en que un poco de individualismo -especialmente en las personas introvertidas- puede llegar a ser un detonante de creatividad.