Mostrando entradas con la etiqueta patrones de indeseabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta patrones de indeseabilidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de febrero de 2013

Oda a la Emulación Inversa

Hay molestias que pesan en el corazón
Y la carga no se alivia con perdón ni tolerancia,
Porque el perdón no es olvido
Cuando el disgusto es constancia.
Y tolerar disminuye al otro
Mientras me pone en una cima
Mirándole sobre mi hombro
A costa del ego y la poca estima.

No quiero ser como esas personas
Que critican sus defectos en otras,
Diciendo “sos esto o sos aquello”
Sin primero valorar sus cualidades rotas.
Porque quien cree que hace bien juzgando
Sus propios traspiés en su par
Nunca se ha encontrado hablando a sí mismo
Buscando qué debe cambiar.

Y no se trata de aceptar o no los errores propios
Pues reconocer los defectos es signo de sabiduría y humildad,
Mas no es justo ni prudente
Disfrazar la virtud del otro como una falta.
Porque un mismo rasgo es diferente
En el joven, en el viejo; hasta en dos de la misma edad,
Lo que cambia es el ambiente
Y la expresión de la cualidad.

Evidente es cuando alguien quiere
Reducir a otro por miedo, envidia o terquedad,
Usando sus complejos como escudo
Y opacando su personalidad. 
Triste falacia hiriente
Que no acepta ni comprende
Que mi vida no es la suya y no tiene porqué serlo,
Mucho menos contaminada con falsedad.

Cada quien enfrenta sus obstáculos a su manera,
Algunos chocan con ellos, otros los superan.
Empero no es correcto extender
La propia barrera hacia otro
Pues además de deslealtad y enojo
La peor impresión es la de ser tormenta en el camino.
Mejor es no hacer ningún viaje cansino
Y vivir la vida tal cual.


lunes, 1 de agosto de 2011

Ese spam propagandístico de la crítica costarricense


Escribo este blog contestatario porque ya me harté de oír tantas críticas hacia nuestra Presidenta y su Gobierno y a nuestra situación actual como país y como sociedad. Este definitivamente no es mi estilo. No es que no me queje; lo hago y a menudo, pero lo hago sobre aquellas cosas que verdaderamente me provocan malestar y no sólo por seguir la corriente de lo que algunos quieren que piense.
Así como muchas personas se quejan de los mensajes comerciales a los celulares, de las llamadas de las emisoras de tarjetas de crédito y de las portadas y titulares de un conocido diario nacional, yo hoy me quejo de ese spam tan molesto y mediocre que es la frase banal de “este gobierno no tiene rumbo, no hay liderazgo y las instituciones del Estado no sirven para nada”. Honestamente estoy harta de la cultura del “pobrecito”, de la victimización, de que la culpa la tengan otros, de que critiquemos y critiquemos y critiquemos, y no veamos nuestros propios errores.
Yo, particularmente, estoy cansada de que en este país la gente tire la piedra y esconda la mano; de que queramos seguir viviendo en un Estado paternalista que resuelva todo y nos sirva las soluciones en bandeja de plata (y si se puede en una de oro, mejor); de una sociedad que critica y no propone... De una mentalidad propagandística, fatalista y acomodaticia. ¿Hasta cuándo podremos sobrevivir con esta mediocridad?
Queremos justicia social en tanto no nos toquen nuestro bolsillo (¿Impuestos? ¿Para qué?), abogamos por penas más duras y castigos más altos a los borrachos al volante que acaban con vidas de personas tranquilas, pero alabamos la cultura del güaro y nos olvidamos del chofer designado. Porque claro está, el borracho siempre es el otro… nunca yo. Queremos austeridad y control en las entidades estatales, pero en casa hasta el chiquito de 12, 10 u 8 años debe tener un teléfono celular (ojalá smartphone, pues es preferible que no maneje el 75% de sus capacidades a que el “pobrecito” sea el único sin teléfono en su clase de la escuela). Queremos que los homicidas tengan su merecido, pero nos ahorcamos solitos promoviendo derechos humanos para todos cuando algunos verdaderamente no los merecen (¿o es que el psicópata violador y asesino de niñas merece vivir en una celda por el resto de sus días en vez de ser torturado hasta que suplique por su propia existencia? ¿No les parece demasiado lujo?).
Queremos mejores empleos y mejores oportunidades, pero en desde el primer grado de la escuela hasta el undécimo de colegio los estudiantes prefieren estar recitando y aprendiendo el verbo “To Be” por once años antes que aprendérselo, porque qué pereza. Y aprender reglas de ortografía y algunas fórmulas de matemática es visto como algo aburrido o difícil, pero cuando se presenta la oportunidad de trabajar en una empresa lo mejor es quedar en ridículo ante las oficinas internacionales, “porque no me acuerdo de lo que me enseñaron en el cole”.
Queremos personas capacitadas en la Asamblea Legislativa, pero nos interesamos por los candidatos hasta que estamos en las urnas electorales y debemos marcar esa papeleta con una equis. Despotricamos contra el Poder Ejecutivo lo que debiera hacer el Legislativo (ni sabemos qué responsabilidades le corresponden a quién). Queremos liderazgo pero no tenemos ideales. Porque señores, ni mi generación ni la anterior conoce lo que es una persona con rasgos de auténtico líder, ni político, ni deportivo, ni artístico. Líder es quien con sus acciones logra seguidores que repliquen sus intenciones, no quien debe poner orden autoritariamente.
Y yo pregunto, ¿es achacable el 100% de la culpa a este gobierno de año y dos meses por todas las angustias y penas que vivimos hoy? Aquí se hace huelga porque se quiebra un lápiz, se pierden suministros, recursos, tiempo y oportunidades en muchos campos (comencemos por nuestras casas y oficinas). La mentalidad de "eso no me toca a mí" y "mejor no me meto en eso" es lo que nos tiene en la crisis social en que estamos. El miedo a hacer lo correcto, o al menos a hacer algo, es el verdadero culpable. Otros -desde hace años- dejaron pasar errores y horrores en las instituciones y ministerios del Estado y ahora que revientan es muy fácil culpar a quien esté a cargo.
Es muy fácil venir a quejarse hoy, después de que varias generaciones hemos disfrutado las mieles del Estado proteccionista y paternalista que nos heredaron los próceres de la Patria. Hoy, es más fácil echarle la culpa a otro que sacar un tiempito para ver cómo podemos aportar una idea que pueda contribuir a alejarnos del precipicio. Hoy, a pesar de tantas oportunidades y recursos disponibles, preferimos seguir viviendo en la Costa Rica sedentaria y pasivo agresiva –nunca pacífica- donde somos mejores que el resto de Centro América y mejores que nuestros propios gobernantes.
Todo lo que quiero decir es que el rumbo del país no está sólo en manos del gobierno, eso sería seguir viviendo con mentalidad paternalista en la era de la globalización. Aquí y ahora, la pregunta es ¿qué hace cada uno para cambiar el rumbo en el que estamos? O mejor, ¿qué hago yo para que el futuro sea mejor que el presente?  Esa es una simple pregunta que aporta y edifica más que la hiriente piedra que lanzamos. Ya basta de comentarios propagandísticos y epidémicos; la vacuna está en cada una de nuestras manos.
Perdónenme si escribí con el hígado, pero ya no puedo ocultar más mi malestar.




 

martes, 19 de julio de 2011

A propósito de nuestra sociedad putrefacta

Para quienes desean un análisis gráfico, instantáneo y magistral de nuestro entorno social, aqui les dejo una colaboración de mi querida amiga Nadia =D.

¡Disfrútenlo y medítenlo!


Quino y la actual educación familiar


Quino, el caricaturista argentino autor de Mafalda,
desilusionado con el rumbo que está tomando el mundo
en cuanto a valores y educación,
expresó su sentimiento al respecto.

La genialidad del artista produce una de las mejores criticas
sobre la educación de los hijos en los tiempos actuales.







lunes, 27 de septiembre de 2010

"¡Odio a la gente...!"


“Quienes trabajan no se agotan porque trabajen mucho;
se agotan por culpa de la otra gente” 


(Littman & Hershon, 6)

La gente decepciona…


Los 10 Menos Deseados:

¿Quién no se ha sentido cansado de tener que lidiar con la gente? Todos, absolutamente todos, hemos querido ahorcar a alguna persona en particular en un periodo en específico. En la casa, en el trabajo, en el estudio... Pues bien, hace un tiempo mientras daba mi visita semanal a la librería me encontré un libro que se llama I Hate People! (“¡Odio a la gente!”), y como andaba en medio de una crisis de burn out, de esas en que no me soportaba ni a mí misma, lo compré de inmediato. Cuando llegué a la caja y pagué sentí un poco de pena, ¿qué iba a pensar el cajero, que era una antisocial depresiva y repulsiva que no se lleva con el resto de la humanidad? Claro que en dos segundos recordé que compraba el libro para terapiarme… y aunque no me resolvió la existencia, sí me ayudó a sentirme acompañada y a saber identificar ciertos patrones molestos. Aquí van en resumen (hay quiénes pueden ser ofensores múltiples, o sea que vienen en combo):
a. Los Obstáculos de Tropiezo: son aquellas personas que pretenden decirnos lo que debemos  o no debemos hacer, lo que pasará o no sucederá; y por eso detienen nuestra iniciativa y agotan nuestra energía en proyectos que toman tanto tiempo que se vuelven inútiles.
1.  El Cuadrado: No da chance para razonar, pues sólo sus puntos y razones son los más valiosos y maravillosos aún cuando distan mucho de ser brillantes. Como dijo Benjamín Franklin “Cualquier tonto puede criticar, condenar y quejarse –y la mayoría de tontos lo hace-”. Una de las estrategias para tratar con este tipo de necios es crear un consenso entre tus compañeros antes de tomar decisiones para evitar que se apruebe su gran idea.
2.  El Montado: el que se aprovecha de tus destrezas y te sobrecarga con todo tipo de tareas. Finge tomarte en cuenta para sus proyectos, pero en realidad cree que sos ingenuo. ¿Cómo enfrentarlo? Llenalo de preguntas. Pedile que te de un detalle por escrito de todo lo que ocupa (que incluya tiempo y requerimientos). Casi siempre es tan vago que preferirá buscar otra víctima.
3.  El Matón: Este tipo tratará de intimidarte tanto como pueda para poder pasarte por encima. Sorprendelo desprevenido y preguntale su opinión sobre un tema que tenga que ver con ambos. O decidite a confrontarlo de una vez. Esto le hará entender que vos comprendiste su punto y entonces retrocederá a buscar otra presa más fácil.
b. Los que te desvían: son manipuladores, habilidosos y sutiles. Son esos que se llevan tan bien con vos y que luego te sabotean.
4.  El simpático: su modus operandi busca ocultar el dolor. Se ríe a menudo, o al menos finge reírse (si sus cejas y párpados no se mueven al reírse, se trata de una sonrisa falsa). Con esta gente uno nunca sabe lo que quieren o lo que hacen. Su probable hipocresía no tiene una estrategia con qué enfrentarse, así que lo único que queda por hacer cuando no sabemos interpretar su sonrisa es preguntarle “¿De qué te estás riendo?”. Puede que no obtengamos respuesta, pero al menos lo habremos delatado.
5. Mentiroso, mentiroso: carece de confianza en sí mismo, y por eso trata de agradarle a los demás aunque sea a base de mentiras. Cuando se le encara, culpa a otra persona muy habilidosamente –o a las inconsistencias de la tecnología: “Nunca recibí ese correo” o “El servidor se dañó”. Pero el patrón no se limita a decir mentiras concretamente; también puede caracterizarse por tardar en responder, retener información, dar signos de ambivalencia, repetición o irresponsabilidad. Aquí, lo más recomendable es tratar de desenmascararlo poco a poco.
6.   El Puñal: es confuso y difícil de prever. A menudo lo podés confundir por amigo, sólo para luego darte cuenta de que te traiciona. Y no sólo de forma que te hace odiarlo, sino que hasta te puede hacer daño. Este puñal te puede destruir tu imagen, tu reputación, o tu ego. Puede hundir su navaja suave y lentamente a lo largo del tiempo, o simplemente clavártela de pronto. Lo único seguro es que no sabrás lo que es capaz de hacer, hasta que lo hace. Algunas pistas para dar con estos molestos personajes:
a) Aquél que se queja de todo y de todos, menos de vos que sos “su compañero”.
b)  El que te quiere serruchar el piso mientras estás de vacaciones.
c. Los Roba-Tiempo: ni quieren perjudicarte ni quieren aprovecharse de vos. No juegan sucio, pero por ellos se dice que “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. Los Roba-Tiempo te quitan tu posesión más valiosa poco a poco… porque no saben ayudarse a sí mismos.
7.  El ¿Tenés un minuto?: es súper peligroso porque te toma antes de que te des cuenta de que viene. Sólo ocupa un minutito de tu tiempo para que le ayudés a sacar una copia, a hacer una reservación, a configurar un documento… cualquier excusa es buena. A este es mejor asignarlo en una tarea aislada o reubicarlo en alguna posición más conveniente y acorde con sus habilidades. Podés contrarrestarlo si le decís que apenas tenés dos minutos para atenderlo, porque tenés otras cosas que hacer. Así no perderás tanto tiempo ni te ganarás enemigos. O pedile que en lugar de enviarte 159 correos al día, escriba uno sólo con todas las consultas que tiene que hacerte, así podés responderle todas en un solo correo y eficazmente.
8.  El Sábelo-Nada: es aquél que tiene mucha información sin trascendencia. Sabe muchos datos sobre cosas sin importancia, y te puede volver loco mientras hablan, y hablan, y hablan. Lo mejor es preguntarle por la fuente de su información; cuando se dé cuenta de que no tiene valor, se dará por vencido.
9.   El Controlador: es obsesivo; no delega. Puede creer que aporta orden y control, pero te saca de quicio y seca tu fuente de energía. ¿Por qué no tratás de hacerle creer que tu idea es en realidad su idea?
10. La mansa ovejita: evita tomar decisiones. No es que le cueste pensar; es que no quiere hacerlo, entonces te obliga a hacerlo por ellos. Pero aún así, te seguirá, así que hacelo sentir importante, especial y único, que esto lo motivará y afianzará su confianza en sí mismo.



¿A cuántos identificaste?